Cuando parecía que el capítulo internacional del caso Duarte estaba cerrado, se
abre otro frente. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que su gobierno
reclamará por la vía diplomática a Reino Unido el asilo político otorgado a
Karime Macías Tubilla.
Macías, exesposa del exgobernador de Veracruz Javier Duarte de Ochoa,
enfrenta en México una orden de aprehensión por presuntos desvíos de
recursos a través de empresas fantasma. Sin embargo, la decisión británica
impide su extradición.
El mensaje presidencial fue claro: México no comparte la determinación del
Reino Unido y hará valer sus canales diplomáticos para expresar su
inconformidad. No es un conflicto abierto, pero sí una diferencia formal entre
Estados.
La ironía es evidente. Mientras en México el caso se convirtió en símbolo de
corrupción política, en territorio británico fue evaluado bajo criterios de
protección internacional. Dos lecturas, dos sistemas jurídicos, una misma
protagonista.
La presidenta no adelantó medidas extraordinarias ni confrontaciones públicas,
pero dejó asentado que el gobierno mexicano no considera el asunto cerrado.
La vía será institucional.
El caso revive una pregunta incómoda: ¿hasta dónde llega la justicia nacional
cuando las fronteras se cruzan con decisiones soberanas de otros países?
Karime Macías no será extraditada por ahora. Pero el debate político y jurídico
sigue vigente.
En diplomacia, los desacuerdos no siempre hacen ruido… pero pesan.
