La crisis política en Campeche ya no es un asunto local. Según Ricardo Monreal,
el conflicto interno afecta directamente a Morena y comienza a erosionar la
imagen de la presidenta Claudia Sheinbaum. Cuando los pleitos no se quedan en
casa, terminan salpicando al poder central.
Monreal, viejo operador político y conocedor de los tiempos del poder, no habló
al aire. Advirtió que el enfrentamiento entre actores locales, las disputas
internas y la falta de control político proyectan un mensaje de desorden que
Morena no puede darse el lujo de exhibir. Menos aún en un momento donde el
discurso oficial presume unidad y gobernabilidad.
Campeche se ha convertido en ejemplo de cómo los conflictos internos, mal
manejados, pueden transformarse en crisis públicas. Denuncias,
confrontaciones y mensajes cruzados han escalado hasta colocar al estado en
la agenda nacional, no por resultados de gobierno, sino por choques de poder.
Para Sheinbaum, el problema no es solo Campeche, es el precedente. Morena
gobierna en varios estados y la narrativa de estabilidad depende de que los
conflictos se resuelvan sin romper el escaparate. Cuando no ocurre, la
oposición observa y la crítica crece.
Monreal puso el dedo en la llaga: el partido en el poder no es inmune al
desgaste. La falta de acuerdos internos también cobra factura. Y cuando el
desorden se vuelve visible, el costo político se multiplica.
Campeche es hoy más que un estado en crisis. Es una advertencia. Porque en
política, los problemas locales rara vez se quedan donde nacen.

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