A veces la justicia mexicana tiene un sentido del timing digno de un guionista
de serie política. Justo cuando el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, se
encontraba a semanas de cumplir la sentencia de nueve años de prisión que ya
enfrentaba, una nueva vinculación a proceso por presunto peculado aparece en
el escenario.
Sí, cuando el reloj parecía estar por marcar la salida, el expediente decidió abrir
otro capítulo.
La nueva acusación gira en torno al posible desvío de recursos públicos durante
su administración al frente del gobierno veracruzano. Aunque Duarte ya había
sido sentenciado previamente por asociación delictuosa y lavado de dinero,
esta nueva causa judicial implica que su estancia en prisión podría extenderse
más allá de lo que él —y quizá su defensa— contemplaban.
La pregunta inevitable es: ¿por qué ahora?
Para muchos críticos del sistema judicial mexicano, el caso simboliza la eterna
relación entre política, poder y justicia que parece moverse a ritmos
estratégicos. Para otros, es simplemente la continuación lógica de procesos
que llevan años en integración y que avanzan conforme se consolidan pruebas.
Lo cierto es que el exmandatario, detenido en Guatemala en 2017 tras meses
prófugo, vuelve a colocarse en el centro del debate público. Durante su gestión
(2010-2016), Veracruz enfrentó una de las crisis financieras más graves de su
historia reciente, marcada por señalamientos de desvíos millonarios, deuda
creciente y una estructura gubernamental que terminó bajo la lupa nacional.
Hoy, cuando parecía acercarse el final de su capítulo penitenciario, el guion
cambia.
Legalmente, la vinculación a proceso no implica culpabilidad automática, pero
sí abre la puerta a una nueva etapa judicial que podría alargar su permanencia
tras las rejas mientras se desarrollan las investigaciones.
En un país donde la impunidad ha sido tema recurrente, el caso Duarte vuelve a
dividir opiniones: ¿es justicia tardía? ¿es justicia estratégica? ¿o es
simplemente justicia en curso?
Lo único claro es que, para el exgobernador, la puerta de salida no se ve tan
cercana como parecía hace unas semanas.

