Claudia Sheinbaum decidió no tomarse muy en serio el manifiesto difundido por
el Frente Amplio Democrático. Lejos de responder con solemnidad, la
presidenta electa optó por la ironía y lanzó un recordatorio incómodo:
“Recuerden el desafuero, el fraude electoral”, en referencia a los episodios que
marcaron la historia reciente de la oposición.
El comentario llegó luego de que el Frente difundiera un documento en el que se
presenta como alternativa democrática y defensora de las libertades. Para
Sheinbaum, el mensaje no solo carece de credibilidad, sino de memoria
histórica. Y decidió decirlo sin rodeos.
Desde su perspectiva, la oposición intenta reinventarse sin asumir su pasado. El
desafuero de Andrés Manuel López Obrador en 2005 y los señalamientos de
fraude electoral siguen siendo, para el oficialismo, pruebas de una democracia
selectiva que hoy la oposición prefiere olvidar.

La reacción de Sheinbaum no fue casual. Forma parte de una estrategia política
clara: confrontar el discurso opositor con hechos del pasado y recordarle al
electorado quiénes tomaban decisiones cuando el poder no estaba en manos de
Morena. Más que un ataque frontal, fue un golpe de memoria.
Las declaraciones encendieron el debate político. Mientras simpatizantes de
Morena celebraron la ironía, críticos acusaron a Sheinbaum de evitar responder
al fondo del manifiesto y refugiarse en viejas batallas políticas. La polarización,
como siempre, hizo su trabajo.
El episodio confirma que la narrativa rumbo a la consolidación del nuevo
gobierno seguirá marcada por el contraste entre pasado y presente. La
oposición busca reposicionarse; el oficialismo, recordar por qué llegó al poder.
En política, la memoria es un arma poderosa. Y Sheinbaum dejó claro que no
piensa soltarla.

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