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OPINIÓN DE: MARIA RESENDIZ

PACHUCA, HGO., 27 DE MARZO DE 2026
En medio de un escenario nacional marcado por la disputa de
poder rumbo a 2027, Hidalgo se perfila como un laboratorio político que
podría marcar un antes y un después en la historia electoral del país. La
propuesta de que la gubernatura de 2028 sea ocupada exclusivamente
por una mujer ha encendido el debate: ¿se trata de un acto de justicia
histórica o de una estrategia política cuidadosamente calculada? del
Hidalgo y la apuesta histórica: ¿justicia de género o estrategia 2026
Desde la dirigencia estatal de Morena, encabezada por Marco
Antonio Rico Mercado, se ha sostenido que el estado tiene una deuda
pendiente con las mujeres. No es un argumento menor. Desde su
creación en 1869, Hidalgo nunca ha sido gobernado por una mujer, lo
que refleja una brecha evidente en la representación política.
Sin embargo, el planteamiento de limitar la contienda únicamente
a candidatas abre interrogantes de fondo. La paridad de género ha sido
una conquista progresiva en México, pero imponerla como condición
exclusiva en una elección ejecutiva plantea tensiones entre inclusión y
competencia democrática. ¿Se fortalece la democracia al restringir
opciones o se corre el riesgo de reducirla a una decisión previamente
acotada?
El contexto no es menor. La elección de 2028 en Hidalgo no solo
definirá un cambio simbólico, sino que también estará influida por los
resultados de 2027, donde se renovarán 17 gubernaturas en todo el país.
Este cruce de procesos convierte a la entidad en una pieza estratégica
dentro del tablero nacional.
Además, Morena podría repetir su método de selección interna
mediante encuestas, el mismo que llevó al poder a Julio Menchaca en
2022. Aunque este mecanismo ha sido presentado como una vía
democrática, también ha sido criticado por su falta de transparencia y
por concentrar decisiones clave en estructuras partidistas poco abiertas
al escrutinio público.
Mientras tanto, en la oposición, figuras como Alejandro Moreno
han hecho llamados a la unidad, aunque con resultados limitados. La
fragmentación de los partidos tradicionales contrasta con la narrativa
cohesionada del oficialismo, que ha sabido capitalizar temas como la
equidad de género para fortalecer su posicionamiento.
No obstante, reducir el debate a una cuestión de género sería
simplificar un problema mucho más complejo. Hidalgo enfrenta retos
urgentes en materia de seguridad, desarrollo económico, acceso a la
salud y calidad educativa. La ciudadanía no solo demanda
representación, sino resultados tangibles. El riesgo es que el discurso de
la paridad se convierta en un recurso simbólico que desplace la
discusión sobre capacidades, propuestas y rendición de cuentas.

La eventual llegada de una mujer a la gubernatura sería, sin duda,
un hecho histórico. Pero la verdadera transformación no radicará en el
género de quien gobierne, sino en la capacidad de responder a las
exigencias de una sociedad cada vez más crítica.
Hidalgo está ante una decisión trascendental. Más allá del
simbolismo, lo que está en juego es el tipo de democracia que se quiere
construir: una que garantice inclusión sin sacrificar competencia, o una
que, en nombre de la equidad, limite las opciones del electorado.
El 2028 podría marcar el inicio de una nueva etapa. La pregunta es
si será un cambio de fondo o solo de forma.

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