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LA CAÍDA DE LA ÉLITE DORADA NO GARANTIZA JUSTICIA SOCIAL
POR LA REDACCIÓN
PACHUCA, HGO., 03 DE ABRIL DE 2026
El verdadero desafío para la presidenta Claudia Sheinbaum no
radica únicamente en reorientar los recursos públicos o en desmontar
privilegios heredados, sino en garantizar que esos recursos
particularmente las pensiones retiradas a lo que se ha denominado la
“élite dorada” lleguen de manera efectiva, directa y transparente al
pueblo.
La historia reciente de México ofrece lecciones difíciles de
ignorar. Durante administraciones del PRI y del PAN, amplios programas
sociales y presupuestos destinados al bienestar terminaban diluyéndose
en una maraña burocrática: intermediarios, dependencias infladas,
corrupción administrativa y decisiones discrecionales que fragmentaban
el impacto real del gasto público. El resultado era un Estado que invertía
mucho, pero transformaba poco.
Hoy, el discurso ha cambiado. Se habla de justicia social, de
redistribución y de poner al centro a quienes históricamente han sido
relegados. Sin embargo, el reto no es discursivo, sino operativo. ¿Cómo
asegurar que cada peso recuperado de privilegios excesivos se traduzca
en beneficios tangibles para la población? ¿Cómo evitar que el aparato
institucional aun con nuevas reglas reproduzca viejas prácticas?
La clave está en tres pilares fundamentales: transparencia radical,
mecanismos de entrega directa y rendición de cuentas efectiva. Sin
estos elementos, cualquier reforma corre el riesgo de convertirse en una
repetición del pasado, aunque con distinto lenguaje.
La eliminación de privilegios es, sin duda, un paso relevante. Pero
no es el punto de llegada, sino apenas el inicio. El verdadero éxito del
gobierno de Claudia Sheinbaum se medirá no por cuánto se quita a unos
cuantos, sino por cuánto y cómo llega a millones. Porque en política
social, la intención no basta: lo que importa es el resultado.

