PAG. 2
ESCALA CONFLICTO CON BLOQUEOS, CONTROL TERRITORIAL Y
NEGOCIACIÓN POLÍTICA A DÍAS DEL MUNDIAL
“CNTE Y SU ESTRATEGIA DE PRESIÓN”
OPINIÓN DE: MARÍA RESENDIZ

PACHUCA, HGO., 29 DE MAYO DE 2026
En el debate educativo y político del país se ha ido instalando una
narrativa cada vez más polarizada: la idea de un sistema que enfrenta
“cada día más exigencias y menos enseñanzas”, donde el magisterio, las
autoridades y la opinión pública parecen moverse en direcciones
distintas sin lograr un punto de equilibrio. En este escenario, la
discusión sobre la educación pública ha dejado de ser exclusivamente
pedagógica para convertirse en un terreno de disputa política y social.
En las últimas semanas, distintos sectores del magisterio han
intensificado sus acciones de protesta. La instalación en mesas de
negociación acompañada de movilizaciones, e incluso bloqueos en
distintos puntos, ha sido interpretada por unos como el ejercicio legítimo
del derecho a la protesta, mientras que otros lo ven como una estrategia
de presión que desborda los cauces institucionales. Lo cierto es que
estas tensiones no son nuevas: forman parte de una relación histórica

entre el Estado mexicano y el sindicalismo magisterial, marcada por
avances, rupturas y acuerdos parciales.
El trasfondo inmediato de este conflicto no puede entenderse sin
observar el contexto político más amplio. A pocos días de que
comiencen a reducirse los tiempos hacia la inauguración de la Copa del
Mundo de futbol en la Ciudad de México, el escenario público se
convierte en una carrera paralela entre dos fuerzas que durante años
fueron aliadas, pero que hoy aparecen cada vez más enfrentadas: por un
lado, el gobierno obradorista, que construyó buena parte de su
legitimidad inicial a partir de la defensa de la protesta social y la crítica
a los gobiernos anteriores; y por el otro, la Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación (CNTE), un movimiento que en distintos
momentos fue interlocutor privilegiado del propio proyecto político que
hoy encabeza el Ejecutivo.
En este nuevo contexto, voces críticas sostienen que la CNTE
estaría utilizando las mismas herramientas de presión que en el pasado
se justificaban desde la oposición, pero ahora dirigidas hacia el propio
gobierno al que alguna vez apoyaron o acompañaron. Estas
interpretaciones afirman que las movilizaciones, los bloqueos y la
capacidad de paralizar espacios estratégicos forman parte de una
estrategia de negociación que busca maximizar su fuerza política en la
mesa de diálogo.
De acuerdo con estas posturas críticas, la CNTE ha desarrollado
durante décadas una lógica de movilización constante, basada en la
presencia callejera, el control territorial temporal y la presión política
como mecanismo de negociación. Sus ciclos de protesta, que suelen
intensificarse cada año alrededor del 15 de mayo, Día del Maestro, son
vistos por sus detractores no solo como demandas laborales, sino como
parte de un repertorio político más amplio. Desde esta lectura, sus
confrontaciones con los gobiernos en turno no serían únicamente
sindicales, sino profundamente políticas.
Incluso, algunos analistas sostienen que en esta ocasión las
movilizaciones adquieren un componente adicional de presión simbólica,
al colocarse en el calendario la amenaza de afectar eventos de gran
visibilidad internacional, como la antesala del Mundial de futbol. En esa
narrativa crítica que circula con fuerza en el debate público se interpreta
que este tipo de acciones buscan incrementar el costo político de no
atender sus demandas, que incluyen desde mejoras salariales hasta la
asignación de plazas y condiciones laborales, aunque sus opositores
afirman que también se mezclan intereses de poder sindical y control
interno.
Sin embargo, reducir el conflicto a una sola lectura sería
simplificar una realidad más compleja. En el fondo, lo que se expresa es
una tensión estructural: un sistema educativo con demandas crecientes,
cargas administrativas acumuladas y expectativas sociales cada vez
más altas, frente a condiciones laborales y presupuestales que no
siempre acompañan esas exigencias.

Así, el debate permanece abierto. Entre la legitimidad de la
protesta, la responsabilidad del Estado y la necesidad de garantizar el
derecho a la educación sin interrupciones, el país vuelve a encontrarse
en un punto crítico donde la política, la educación y la calle convergen.
Y en ese cruce de caminos, las soluciones parecen exigir algo más que
confrontación: requieren acuerdos sostenidos que eviten que la
enseñanza siga quedando atrapada entre la exigencia y el conflicto
permanente.

Porelnuevograficodehidalgo

El Nuevo Gráfico de Hidalgo El Periodismo es una ventana hacia la historia, donde cada día se aprende