Lo que parecía otra noche cualquiera en la Ciudad de México terminó
convirtiéndose en un nuevo episodio de vergüenza pública para uno de los
personajes sindicales más polémicos ligados a la Fiscalía General de la
República. Humberto Nava Genera, secretario general del Sindicato Nacional de
Trabajadores de la FGR, fue detenido la noche del 7 de mayo de 2026 luego de
presuntamente golpear brutalmente a su pareja sentimental en la alcaldía
Coyoacán.
La agresión ocurrió dentro de un domicilio y terminó desatando una
movilización policiaca sobre avenida División del Norte, esquina con Miguel
Ángel de Quevedo, en la colonia El Rosedal. Ahí, elementos de la Secretaría de
Seguridad Ciudadana interceptaron al dirigente sindical, quien intentó evitar su
captura usando la vieja confiable del influyentismo: presumir que “conocía a
altos funcionarios”. Porque claro, en México algunos todavía creen que el
directorio telefónico sirve más que la ley.
La víctima, una mujer de 51 años, tuvo que ser atendida por paramédicos del
Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), quienes le diagnosticaron
una contusión con una herida de aproximadamente dos centímetros en la
frente, además de un hematoma visible. Según los reportes preliminares, la
pareja habría sostenido una discusión antes de que el líder sindical
presuntamente perdiera el control y pasara de los gritos a los golpes.
El caso rápidamente generó indignación no solo por la violencia denunciada,
sino porque Nava Genera lleva años al frente del sindicato de trabajadores de la
FGR, institución encargada precisamente de perseguir delitos y procurar
justicia. La ironía se escribe sola.
Tras su detención, el dirigente fue trasladado ante el Ministerio Público de la
Fiscalía para la Investigación de Delitos de Violencia Familiar de la Ciudad de
México. La Fiscalía capitalina ya abrió una carpeta de investigación por
violencia familiar y lesiones.
Mientras tanto, las redes sociales explotaron cuestionando cómo personajes
señalados por abuso y presunta impunidad siguen ocupando cargos de poder.
Porque al parecer, algunos líderes sindicales creen que el cargo también
incluye licencia para intimidar, agredir y después intentar escapar usando
influencias.

