En la política mexicana, cuando alguien dice “no es personal”, normalmente lo
es. Y en este caso, la oposición decidió ir directo al punto: el PRI acusa que la
defensa del gobierno federal a Rubén Rocha Moya no es para protegerlo a él…
sino a algo mucho más grande.
O, mejor dicho, a alguien.
La secretaria general del PRI, Carolina Viggiano, lanzó una acusación que eleva
la tensión política: aseguró que la presidenta Claudia Sheinbaum estaría
retrasando el proceso de extradición de Rocha Moya para evitar que las
investigaciones alcancen al expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Sí, así de directo.
Según la legisladora, el caso no solo involucra a un gobernador con licencia
señalado por presuntos nexos con el crimen organizado, sino que podría
destapar una red más amplia de supuestos acuerdos con grupos delictivos.
En sus palabras, Sheinbaum no estaría defendiendo a Rocha Moya, sino
protegiendo los presuntos pactos de impunidad que —según la oposición— se
habrían construido desde el sexenio anterior.
Pero la crítica no se quedó ahí.
Viggiano advirtió que esta postura podría tener consecuencias más allá de la
política interna. Señaló que la relación con Estados Unidos podría verse
afectada, especialmente en un momento clave: la renegociación del T-MEC, que
iniciará formalmente el próximo 25 de mayo.
Es decir, el conflicto ya no sería solo político… sino también económico y
diplomático.
Desde la óptica del PRI, una mala gestión del caso podría debilitar la posición
de México frente a su principal socio comercial, en un escenario donde cada
decisión cuenta.
Por supuesto, del otro lado, el gobierno federal ha defendido su actuación y ha
insistido en que los procesos se manejan conforme a la ley, no a presiones
políticas externas.
Pero en medio del cruce de declaraciones, lo que queda claro es que el caso
Rocha Moya ya dejó de ser un asunto individual. Se ha convertido en un punto
de choque entre gobierno y oposición, donde las acusaciones escalan
rápidamente y las consecuencias pueden ir más allá de un solo nombre.
Al final, la pregunta no es solo qué pasará con Rocha Moya… sino hasta dónde
llegará este conflicto.

