Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad de Tabasco, se declaró públicamente como un “perseguido político” tras los señalamientos de presuntos vínculos con el grupo delictivo La Barredora. En sus declaraciones, Bermúdez aseguró que las acusaciones en su contra buscan desacreditarlo y afectar su imagen, mientras que él sostiene que ha actuado siempre dentro del marco legal.
Los señalamientos surgieron luego de que medios locales y autoridades iniciaran investigaciones sobre posibles conexiones entre Bermúdez y actividades delictivas en la entidad. Sin embargo, el exfuncionario insistió en que no existe evidencia sólida y que las acusaciones forman parte de una campaña de hostigamiento político. “Se me quiere pintar como culpable sin pruebas, pero confío en que la justicia esclarecerá todo”, afirmó en un comunicado difundido a medios y redes sociales.
A pesar de sus declaraciones, la Fiscalía General del Estado y la Federación mantienen abierta la investigación, recabando información y pruebas para determinar la veracidad de los señalamientos.
La situación ha generado un intenso debate en Tabasco, donde ciudadanos y organizaciones civiles demandan transparencia y que las investigaciones se lleven a cabo sin favoritismos ni manipulaciones.
Expertos en seguridad señalan que la autodenominación de “perseguido político” es una estrategia común para desviar la atención mediática y generar simpatía entre ciertos sectores de la población. No obstante, advierten que mientras no se presenten pruebas concluyentes, el caso permanecerá en el ámbito judicial y público, con posibles repercusiones legales para Bermúdez.
El exsecretario también aprovechó su pronunciamiento para criticar el contexto político de Tabasco, argumentando que la presión sobre su persona es parte de luchas internas entre grupos de poder. Mientras tanto, la ciudadanía y medios locales siguen atentos a cualquier avance en la investigación, conscientes de que el caso tiene implicaciones importantes para la seguridad y la política de la entidad.
Con esta postura, Bermúdez busca defender su reputación y proyectar una narrativa de inocencia, mientras las autoridades continúan trabajando para determinar si sus vínculos con La Barredora son reales o producto de una persecución mediática y política.

