El político hidalguense Benjamín Rico presentó su renuncia irrevocable al
Partido Revolucionario Institucional (PRI), marcando un quiebre significativo
dentro de la estructura tricolor en el estado y enviando un mensaje directo a la
dirigencia nacional: el partido, asegura, “dejó de escuchar a la ciudadanía”.
Rico, quien ha ocupado cargos públicos y posiciones estratégicas dentro del
priismo hidalguense, anunció su salida mediante un comunicado en el que
acusa al partido de haberse alejado de sus bases, de sus principios históricos y
de la vocación social que alguna vez lo caracterizó. De acuerdo con sus
declaraciones, el PRI hoy opera “cerrado, distante y desconectado de la
realidad política y social”.
Su renuncia se produce en un momento crítico para el tricolor, que en los
últimos años ha enfrentado derrotas electorales, fracturas internas y pérdida
progresiva de cuadros relevantes en distintas regiones del país. La salida de
Rico, considerado un perfil con estructura, presencia territorial y respaldo
ciudadano, fortalece la percepción de un partido en crisis y alimenta las
especulaciones sobre un eventual reacomodo político rumbo a 2026.
En su mensaje, Rico afirmó que inicia una “nueva etapa política”, sin detallar
hacia qué proyecto podría incorporarse, pero dejando entrever que buscará
espacios donde —según él— exista auténtica apertura y compromiso con la
ciudadanía. Analistas locales consideran que su salida podría reconfigurar
alianzas en la región e incluso influir en los próximos procesos de
designaciones y candidaturas.
La dirigencia priista en Hidalgo evitó dar una postura directa, limitándose a
señalar que el partido “respeta las decisiones personales” y que continuará
trabajando con quienes se mantienen dentro del proyecto. Sin embargo, al
interior del tricolor se reconoce que Rico representaba una figura clave en la
operación política del Valle de México hidalguense.
Mientras tanto, actores de otras fuerzas políticas han expresado interés en
acercamientos con el exmilitante, lo que sugiere que su renuncia no solo es una
ruptura, sino un giro estratégico que podría impactar en el equilibrio político
regional.
La salida de Benjamín Rico se suma a una cadena de renuncias que, poco a
poco, dibujan un PRI debilitado y con un futuro cada vez más incierto.

