Después de años de diagnósticos, promesas y reformas a medias, la Secretaría
de Salud (Ssa) anunció que durante este sexenio se concretará el intercambio
de servicios de salud entre instituciones públicas. Sí, intercambio real:
pacientes atendidos donde haya capacidad, sin importar si pertenecen al IMSS,
ISSSTE u otra institución. Algo que suena lógico… y que, precisamente por eso,
sorprende que no haya ocurrido antes.
El anuncio fue hecho por Eduardo Clark, subsecretario de Integración Sectorial
y Coordinación de Servicios de Atención Médica, quien explicó que la actual
administración logrará formalizar la integración operativa de las instituciones
en casi todas las áreas clínicas. En términos simples: menos “aquí no le toca” y
más atención donde sí haya médicos, camas y equipo disponible.
La idea es avanzar hacia un sistema universal de salud, donde el paciente esté
al centro y no atrapado entre siglas, trámites y ventanillas. Porque, seamos
honestos, enfermarse en México suele implicar dos males: el padecimiento y el
peregrinaje institucional.
Eso sí, no todo estará listo. Clark reconoció que quedará pendiente la figura del
prestador único, es decir, una sola institución que concentre toda la atención.
Traducido: el sistema se coordinará mejor, pero seguirá fragmentado en su
estructura. Un avance importante, aunque no la meta final.
La promesa llega en un contexto donde el sistema de salud ha sido duramente
criticado por desabasto, saturación y falta de personal. Implementar el
intercambio de servicios podría aliviar presiones en hospitales y reducir
tiempos de espera, siempre y cuando la coordinación funcione más allá del
discurso.
La ironía es evidente: compartir recursos en un sistema público no debería ser
una innovación, sino una regla básica. Sin embargo, en un país acostumbrado a
compartimentos cerrados, el simple hecho de coordinarse ya parece un logro.
Por ahora, la apuesta está hecha. El reto será llevar la integración del papel a la
realidad, y que el paciente no vuelva a escuchar la frase más temida: “aquí no lo
podemos atender”.
Si se cumple, este sexenio podría dejar algo más que anuncios: un sistema de
salud que, al menos, empiece a funcionar como uno solo.

