La más reciente comparecencia de Donald Trump para presentar
su informe 2026 volvió a poner en evidencia una estrategia discursiva
que ha marcado su carrera política: la construcción de un relato
alarmista sobre la migración sustentado más en exageraciones que en
datos verificables, así también en la declaración de la exsecretaria de
estado Hilary Clinton dijo “"Si esta comisión quisiera conocer
seriamente la verdad (…) le pediría directamente a nuestro actual
presidente que declarara bajo juramento sobre las decenas de miles de
ocasiones en las que aparece en el expediente", había dicho la veterana
dirigente en la red X.
Los demócratas acusan por su lado al Departamento de Justicia de
sacar del dossier Epstein afirmaciones de una mujer de su círculo contra
Trump. Tomado del periódico el periódico el Economista.
En su intervención, Trump insistió en describir la migración como
una “invasión” y en vincularla de manera generalizada con el aumento
del crimen, el colapso de los servicios públicos y la pérdida de empleos
para los ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, múltiples estudios
académicos y análisis de centros de investigación han demostrado de
forma consistente que los índices de criminalidad no guardan una
relación directa con mayores flujos migratorios. Al contrario, diversas
estadísticas federales han mostrado que los migrantes documentados e
indocumentados cometen delitos en proporciones iguales o menores que
los nacidos en el país.
El problema no es solo la inexactitud de ciertas cifras, sino el
efecto político de su repetición. Cuando el presidente presenta números
sin contexto, mezcla categorías legales distintas o atribuye
responsabilidades colectivas a millones de personas por acciones
individuales, no está simplemente equivocándose: está moldeando
percepciones públicas. Y esas percepciones influyen en políticas que
afectan vidas concretas.
Otro punto reiterado en el informe fue la supuesta “carga
insostenible” que representan los migrantes para la economía nacional.
No obstante, economistas de distintas corrientes ideológicas han
señalado que la fuerza laboral migrante contribuye de manera
significativa a sectores clave como la agricultura, la construcción y los
servicios, además de aportar miles de millones en impuestos cada año.
Ignorar esa dimensión y presentar a los migrantes únicamente como
beneficiarios de ayudas públicas distorsiona el debate.
Un informe presidencial debería ser un espacio para rendir cuentas
con transparencia y rigor. Cuando se convierte en una plataforma para
reforzar mitos o amplificar temores, se debilita la calidad del debate
democrático. La discusión sobre migración es legítima y necesaria; lo
que resulta problemático es sostenerla sobre afirmaciones inexactas o
incompletas.
En un país construido históricamente por sucesivas olas
migratorias, el desafío no es inventar amenazas, sino diseñar políticas
eficaces basadas en evidencia. La retórica puede movilizar aplausos
inmediatos, pero solo la honestidad intelectual puede sostener
soluciones duraderas.

