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LA SOMBRA FISCAL QUE PERSEGUIRÁ A SALINAS PLIEGO
OPINIÓN DE: CARLOS BETANCOURT
PACHUCA, HGO., 27 DE FEBRERO DE 2026
En un país donde la desigualdad es una herida abierta y la
confianza en las instituciones pende de un hilo, el caso de Ricardo
Salinas Pliego vuelve a colocarse en el centro del debate público. No se
trata solo de cifras, expedientes o tecnicismos fiscales; se trata del
mensaje que se envía a millones de contribuyentes que, mes con mes,
cumplen con sus obligaciones tributarias.
El fundador de Grupo Salinas consorcio que integra, entre otras
empresas, a TV Azteca y Elektra ha sostenido una larga batalla legal
frente al Servicio de Administración Tributaria por adeudos fiscales que
se arrastran desde hace años. La narrativa del empresario insiste en que
se trata de cobros indebidos o interpretaciones fiscales cuestionables;
la del Estado, en cambio, apunta a estrategias dilatorias para evitar el
pago de contribuciones determinadas por la autoridad.
Más allá de quién tenga la última palabra en tribunales, el fondo
del asunto es ético y político. En cualquier democracia funcional, el
pago de impuestos no es opcional ni negociable en función del poder
económico. La fortaleza de un sistema tributario descansa en la
equidad: que quien más tiene, más aporte. Cuando un empresario de alto
perfil litiga durante años sin que el conflicto se resuelva de forma
definitiva, la percepción pública se erosiona.
La discusión no es ideológica; es estructural. México necesita
inversión privada, empresarios fuertes y corporaciones competitivas.
Pero también requiere reglas claras y piso parejo. No puede haber un
discurso de emprendimiento y éxito desligado de la responsabilidad
fiscal. La legalidad no debe ser una estrategia, sino un principio.
Si los tribunales confirman los créditos fiscales, el mensaje será
contundente: nadie está por encima de la ley. Si se determinara lo
contrario, corresponderá a la autoridad explicar con absoluta
transparencia por qué los adeudos no procedían. Lo que no es sostenible
es la ambigüedad permanente.
Mientras tanto, la etiqueta de “empresario deudor” seguirá
acompañando a Salinas en el debate público. Y más allá de nombres
propios, el caso plantea una pregunta incómoda pero necesaria:
¿queremos un capitalismo de privilegios o uno de responsabilidades?

