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OPINIÓN DE: CARLOS BETANCOURT
PACHUCA, HGO., 27 DE MARZO DE 2026
Lo ocurrido entre el senador Saúl Monreal Ávila y la senadora Lilly
Téllez durante la discusión del llamado “Plan B” electoral en el Senado
de la República (México) vuelve a exhibir una preocupante degradación
del debate parlamentario en México.
La máxima tribuna del país, concebida para el análisis, la
deliberación y el contraste de ideas, se ha convertido en reiteradas
ocasiones en un escenario de confrontación personal, descalificaciones
y estridencia. Cuando el argumento cede su lugar al insulto y la
discusión de fondo es desplazada por el choque verbal, el Legislativo
pierde su esencia.
El episodio no es menor. En medio de un debate tan relevante
como la reforma electoral conocida como Plan B electoral (México), el
intercambio de acusaciones y exigencias de “prueba” en tono de
confrontación pública no fortalece la democracia; la desgasta. La
política se empobrece cuando el objetivo deja de ser convencer y pasa a
ser exhibir al adversario.
México no necesita legisladores convertidos en protagonistas de
espectáculos de choque, sino representantes capaces de elevar el nivel
del debate, sostener sus dichos con seriedad y respetar el espacio
institucional que ocupan. El Senado no es un mercado ni un foro de
confrontación personal: es una de las columnas del Estado mexicano.
La ciudadanía observa. Y cada episodio de este tipo profundiza la
percepción de que la política está más enfocada en el conflicto que en la
construcción de acuerdos. Recuperar la dignidad del debate
parlamentario no es opcional; es una urgencia democrática.

