Lo que debía ser apoyo para quienes más lo necesitan terminó convertido en un
escándalo que indigna. La activista Saskia Niño de Rivera denunció la
desaparición de un camión con donaciones valuadas en más de 2 millones de
pesos en Acapulco, ayuda destinada a niñas víctimas de violencia extrema tras
el paso del huracán Huracán Otis.
Los insumos estaban dirigidos a la llamada “Villa de las Niñas” e incluían
alimentos y artículos básicos. Es decir, lo mínimo indispensable… que
simplemente nunca llegó.
La denuncia no quedó en redes ni en indignación momentánea. Tuvo
consecuencias. El 23 de abril de 2026, María del Rosario Moreno de la Cruz fue
destituida como directora del DIF Acapulco tras el señalamiento público.
El caso pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cómo desaparece ayuda
humanitaria en un contexto de emergencia sin que nadie lo note… o lo detenga?
Porque no se trata de cualquier pérdida. Se trata de recursos destinados a
menores que ya enfrentaban situaciones extremas, en una ciudad que aún lidia
con las secuelas del desastre natural.
Hasta ahora no se han dado a conocer todos los detalles sobre el destino de las
donaciones ni posibles responsables directos, pero el daño ya está hecho: la
confianza, una vez más, quedó en duda.
Y así, entre denuncias, destituciones y silencio institucional, lo urgente sigue
siendo lo mismo: que la ayuda llegue a quienes realmente la necesitan.

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