En la Fiesta del Libro y la Rosa, celebrada en Ciudad Universitaria de la UNAM,
la escritora y periodista Elena Poniatowska volvió a poner sobre la mesa el
legado de una de las figuras más importantes de la literatura mexicana: Rosario
Castellanos.
Durante la presentación de su libro Rosario Castellanos. En los labios del viento
he de llamarme árbol de muchos pájaros, editado por el Fondo de Cultura
Económica, Poniatowska no escatimó en elogios: la llamó “la catedral de la
literatura mexicana”.
La frase no es casual ni ligera. Refleja la dimensión que Castellanos ha
adquirido con el paso del tiempo como una autora fundamental para entender la
literatura, el pensamiento y la lucha por la visibilidad de las mujeres en México.
Poniatowska recordó sus encuentros con Castellanos en su casa frente al
Bosque de Chapultepec, un espacio donde la escritora trabajaba en una
habitación elevada, casi simbólicamente “pegada al cielo”. También evocó su
personalidad, su fragilidad física y su intensa vida intelectual.
El libro presentado no solo retrata a la autora desde su obra, sino también
desde su vida íntima: sus amistades, su entorno y su impacto en generaciones
posteriores. Figuras como Jaime Sabines, Dolores Castro o Carlos Montemayor
aparecen como parte del círculo cercano que rodeó a Castellanos.
Uno de los puntos más emotivos de la presentación fue el reconocimiento a su
vínculo con la UNAM, donde enseñó y donde, según Poniatowska, encontró una
de sus mayores satisfacciones: sus alumnos.
También se recordó su obra “Balún Canán”, adaptada al cine en 1977, como una
de las piezas clave de su legado literario.
El evento no solo fue una presentación editorial, sino un recordatorio del peso
cultural de Castellanos en la historia literaria del país. Su obra, marcada por la
reflexión sobre la identidad, el género y la desigualdad, sigue resonando
décadas después de su muerte.

Y como ocurre con los grandes nombres de la literatura, su presencia no
desaparece: se reinterpreta.

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