Caos sanitario, pasajeros usando trajes herméticos y vuelos especiales desde
España hasta Estados Unidos. Así terminó el desembarco internacional del
crucero Hondius, afectado por un brote de hantavirus que mantiene bajo
vigilancia a más de 140 personas.
El Gobierno español y la Organización Mundial de la Salud concluyeron este fin
de semana la evacuación de pasajeros del barco, que permanecía frente a las
Islas Canarias.
Aunque las imágenes parecían sacadas de una película pandémica, las
autoridades insistieron en lanzar un mensaje claro: “Esto no es otro COVID”.
El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió a la población no
entrar en pánico y aseguró que el riesgo para el público es bajo. Aun así, la
escena fue suficiente para revivir recuerdos traumáticos de la pandemia:
mascarillas, trajes especiales, desinfecciones y cuarentenas.
Tres personas han muerto y cinco pasajeros fueron diagnosticados con
hantavirus, enfermedad que normalmente se transmite por contacto con
residuos de roedores contaminados. Aunque el virus de los Andes puede
contagiarse entre personas en casos excepcionales, los expertos insisten en
que la situación está controlada.
Los pasajeros evacuados fueron enviados a distintos países bajo estrictos
protocolos sanitarios. Algunos permanecerán en hospitales y otros harán
cuarentena domiciliaria durante semanas.
Mientras tanto, el crucero navegará hacia Rotterdam, Holanda, donde será
completamente desinfectado.
Las imágenes de pasajeros siendo rociados con desinfectante en la pista de
aterrizaje rápidamente se viralizaron en redes sociales. Porque después del
COVID, cualquier persona usando un traje blanco y mascarilla automáticamente
activa el trauma colectivo mundial.
La OMS recomendó a los países mantener vigilancia activa y monitoreo médico
diario sobre las personas evacuadas.
Por ahora, las autoridades insisten en que no hay motivo para alarmarse. Pero
internet ya hizo lo suyo: convertir un brote aislado en el nuevo protagonista del
miedo global de la semana.

