Después de décadas de jarabe de maíz, Coca-Cola anunció que lanzará este otoño en Estados Unidos una versión endulzada con azúcar de caña estadounidense. La medida forma parte de su estrategia de innovación y responde al creciente interés del mercado por opciones más “auténticas”. 

Actualmente, la Coca-Cola vendida en EE. UU. se endulza con jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), un ingrediente que ganó terreno en los años 70 gracias a subsidios al maíz y altos aranceles al azúcar importado. Sin embargo, fuera de Estados Unidos —como en México— la bebida se elabora con azúcar de caña, lo que ha alimentado la percepción de que su sabor es “más real” o “mejor”.

Aunque estudios clínicos de 2022 no encontraron diferencias significativas entre el JMAF y la sacarosa respecto al aumento de peso o la salud del corazón, sí se detectó un mayor marcador de inflamación en quienes consumen jarabe de maíz.

Por años, algunos consumidores han buscado la llamada “Coca mexicana” en tiendas especializadas, a pesar de su precio más elevado. Ahora, podrán acceder a una versión local sin tener que importarla.

Curiosamente, mientras se debate sobre los endulzantes, el propio presidente de EE. UU. es un fan declarado de la Coca-Cola Light, endulzada con aspartamo, una sustancia catalogada como “posiblemente cancerígena” por la OMS. 

Coca-Cola, siempre burbujeando entre salud, nostalgia y estrategia de mercado, parece tener una fórmula para cada gusto. Y para cada polémica. 

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