El oro púrpura cambió de manos. La NBA aprobó oficialmente la venta de Los
Ángeles Lakers por una cifra que parece salida de un videojuego: alrededor de
10 mil millones de dólares, convirtiéndose en la transacción más cara en la
historia del deporte estadounidense.
El nuevo grupo propietario, integrado por inversionistas tecnológicos y figuras
del entretenimiento, promete mantener la “esencia angelina” del equipo, aunque
los fanáticos ya temen que la próxima temporada venga con patrocinios hasta
en el balón.
La familia Buss, que controló la franquicia durante más de cuatro décadas, se
despide de su imperio dorado, aquel que heredó de Jerry Buss, el hombre que
convirtió a los Lakers en sinónimo de espectáculo, campeonatos y drama
mediático.
La NBA, encabezada por Adam Silver, celebró el acuerdo y aseguró que la
operación “refleja el valor histórico y global de la marca Lakers”. En otras
palabras: el negocio sigue siendo tan rentable como un triple de LeBron en el
último cuarto.
Los aficionados, por su parte, reaccionaron entre la nostalgia y la incredulidad.
“Ya no hay equipos, solo corporaciones”, escribió un usuario en redes, mientras
otro ironizó: “Por 10 mil millones espero que traigan a Jordan de regreso”.

La venta también reaviva el debate sobre la comercialización extrema del
deporte, donde la pasión de los fans parece tener menos peso que los fondos de
inversión.
Aun así, los Lakers seguirán jugando en el Crypto.com Arena, con LeBron James
probablemente en su última temporada. Nuevo dueño, misma presión: ganar o
morir (financieramente hablando).
Así, los Lakers inician una nueva era, demostrando que en el deporte moderno
ya no se juega por amor al juego… sino al balance bancario.

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