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OPINIÓN DE: MARIA RESENDIZ
PACHUCA, HGO., 28 DE NOVIEMBRE DE 2025
En muchas comunidades rurales de México, la desigualdad entre
líderes campesinos y productores se ha convertido en un problema
persistente que afecta la economía, la justicia social y el desarrollo del
campo. Mientras los verdaderos campesinos trabajan la tierra con
esfuerzo diario, algunos dirigentes conocidos como “charros” controlan
recursos y beneficios sin rendir cuentas a quienes representan.
La consecuencia más directa es la explotación económica.
Muchos productores deben entregar cosechas, trabajar largas jornadas o
cumplir cuotas injustas mientras los dirigentes se benefician de la mayor
parte de las ganancias. Esta situación perpetúa un ciclo de pobreza y
marginación, donde los campesinos no logran acceder a mejores
oportunidades ni a recursos productivos esenciales como tierra,
maquinaria o financiamiento.
La tensión ha llevado a movilizaciones y bloqueos en distintos
estados del país, donde campesinos exigen transparencia en la
distribución de apoyos y denuncian la corrupción de sus líderes. Estas
acciones reflejan la frustración de quienes se sienten ignorados y
explotados, y buscan hacer visible la desigualdad que viven en el campo.
La desigualdad en el campo no es solo un problema económico; es
una cuestión de justicia social que define el futuro de millones de
familias que dependen de la tierra para sobrevivir.

