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DIPUTADOS DE MORENA SE DISTANCIAN DE LAYDA SANSORES,
BUSCAN “REINSTAURAR EL FUERO”
OPINIÓN DE: CARLOS BETANCOURT
PACHUCA, HGO., 06 DE FEBRERO DE 2026
En Campeche se ha encendido una señal de alerta que Morena no
debería minimizar. El distanciamiento abierto entre diputados locales del
propio partido gobernante y la gobernadora Layda Sansores no es una
anécdota legislativa ni una disputa pasajera: es la manifestación de un
quiebre profundo en la confianza entre poderes.
Que legisladores de Morena expresen temor a una posible
persecución política resulta especialmente delicado. No se trata solo de
una acusación grave, sino de una percepción que, cierta o no, ya está
teniendo efectos reales en la vida institucional del estado. Cuando el
miedo se instala como factor de decisión política, el debate público se
empobrece y la democracia se debilita.
El conflicto se originó en un desacuerdo legítimo: la negativa del
Congreso a aprobar un endeudamiento propuesto por el Ejecutivo. Ese
es, en esencia, el papel del Legislativo: cuestionar, analizar y, si es
necesario, frenar iniciativas del gobierno. Sin embargo, el choque escaló
cuando los diputados interpretaron ciertos movimientos de las
autoridades como presiones indebidas, rompiendo de facto la relación
con la gobernadora.
La reinstauración del fuero constitucional aparece entonces como
una reacción defensiva. Pero el mensaje que se envía a la sociedad es
ambiguo: por un lado, se argumenta la necesidad de proteger la
autonomía legislativa; por otro, se revive una figura históricamente
asociada a privilegios y abuso de poder. Morena queda atrapada entre su
discurso histórico y la realidad de un ejercicio del poder cada vez más
complejo.
La ausencia de un diálogo claro y público desde el Ejecutivo
estatal agrava el problema. El silencio institucional no aclara, no
pacífica y no genera certidumbre. Al contrario, alimenta versiones,
radicaliza posturas y erosiona la gobernabilidad.
Este episodio revela un problema mayor: cuando un solo partido
concentra el poder, las diferencias internas sustituyen a la pluralidad
democrática, y los conflictos dejan de resolverse entre fuerzas políticas
distintas para trasladarse al interior del mismo movimiento. Sin
contrapesos efectivos, cualquier fricción corre el riesgo de
transformarse en crisis.
Campeche ofrece una lección incómoda pero necesaria: el poder
sin autocrítica termina desconfiando incluso de los suyos. Morena
enfrenta el desafío de demostrar que puede gobernar sin imponer,
disentir sin intimidar y corregir sin romper.
Si no lo hace, el costo no será solo político. Será institucional. Y
ese, al final, siempre lo paga la ciudadanía.

