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COMO CASTILLO DE NAIPES, DEL PODER EN HIDALGO EMPIEZA A
TAMBALEARSE

PACHUCA, HGO., 06 DE FEBRERO DE 2026
En Hidalgo se vive hoy una paradoja política tan evidente como
incómoda: mientras la ciudadanía manifiesta cansancio, desencanto y
desaprobación, los presidentes municipales de los 84 municipios
parecen decididos a buscar la reelección como si nada estuviera
ocurriendo. Es una carrera por perpetuarse en el cargo que contrasta
brutalmente con la realidad que se respira en calles, colonias y
comunidades.

La pérdida de apoyo ciudadano no es un rumor ni una exageración
de café político. Se refleja en la baja aprobación, en la crítica constante,
en la apatía social y en la desconfianza hacia autoridades municipales
que prometieron transformación y hoy apenas logran justificar su
permanencia. Sin embargo, lejos de hacer una autocrítica profunda o
corregir el rumbo, muchos alcaldes apuestan por la reelección como una
tabla de salvación personal, no como un proyecto legítimo respaldado
por resultados.
Esta desconexión con la realidad no se limita al ámbito municipal.
Desde el gobierno estatal, el gobernador de Hidalgo parece no advertir o
no querer advertir lo que realmente ocurre. El discurso oficial insiste en
que todo marcha de maravilla, que hay estabilidad, gobernabilidad y
avances, mientras en los municipios se acumulan problemas no
resueltos, inconformidades sociales y administraciones cuestionadas.
La imagen es clara: un castillo de naipes. Funcionarios de distintos
niveles trabajan a espaldas del gobernador, maquillando cifras,
suavizando conflictos y construyendo una narrativa optimista que poco
tiene que ver con la vida cotidiana de la población. En ese frágil
equilibrio, basta un soplido de realidad para que el montaje se venga
abajo.
El riesgo es alto. Ignorar el malestar ciudadano no lo desaparece;
lo profundiza. Apostar por la reelección sin legitimidad puede convertirse
en un boomerang político. Y sostener un gobierno sobre informes
complacientes y diagnósticos falsos sólo acelera el desgaste
institucional.
Hidalgo no necesita más discursos triunfalistas ni proyectos
personales disfrazados de continuidad. Necesita gobernantes que
escuchen, que asuman responsabilidades y que entiendan que el poder
no se hereda ni se recicla por inercia: se gana todos los días con
resultados, cercanía y honestidad. De lo contrario, cuando el castillo de
naipes caiga, no habrá narrativa que alcance para explicar el derrumbe.

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