No fue una sesión cualquiera. Fue una declaración política, institucional y
simbólica. El ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz presentó la sesión
itinerante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación como “el nuevo rostro
de la justicia”.
El escenario no fue el tradicional edificio del Poder Judicial en la capital, sino
una plaza pública en Tenejapa, frente a más de dos mil personas de
comunidades indígenas.
“Que ustedes vean que somos de carne y hueso… que pertenecemos al pueblo”,
dijo el ministro al abrir la primera sesión extraordinaria fuera de la sede oficial
en la época contemporánea. El mensaje fue directo: reducir la distancia
histórica entre la Corte y la ciudadanía.
La decisión de sesionar en territorio, especialmente en comunidades
vulnerables, busca enviar una señal clara tras los recientes cambios
constitucionales en materia de derechos de los pueblos originarios. No se trata
solo de resolver un expediente, sino de mostrar que las decisiones judiciales no
nacen en el aislamiento.
La narrativa institucional habla de cercanía, transparencia y apertura. Durante
décadas, el Poder Judicial fue percibido como lejano, técnico y poco accesible.
Esta sesión itinerante pretende cambiar esa imagen.
Pero el gesto también abre interrogantes. ¿Será una práctica constante o un
evento excepcional? ¿La proximidad simbólica se traducirá en
transformaciones estructurales?

Lo cierto es que la imagen de ministros deliberando en una plaza pública marca
un antes y un después en la forma en que la Corte se presenta ante la sociedad.
En un país donde la confianza institucional suele estar en debate, la justicia
decidió salir a escena.
Y esta vez, sin muros de por medio.

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