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POR LA REDACCIÓN
PACHUCA, HGO., 27 DE MARZO DE 2026
En política, la memoria suele ser corta, pero la coherencia debería
ser larga. La reciente renovación interna del Partido Acción Nacional
vuelve a poner sobre la mesa una vieja contradicción: el partido que en
su momento cuestionó duramente los métodos de selección en Morena,
hoy parece replicar prácticas que antes calificaba de opacas o
simuladas.
Hace no mucho, Acción Nacional criticaba el proceso de las
llamadas “corcholatas”, señalando la falta de equidad, la exposición
anticipada de aspirantes y la aparente línea marcada desde las cúpulas.
Se hablaba de “cargadas”, de recursos desiguales y de una competencia
más mediática que institucional. La narrativa era clara: defender la
democracia interna frente a lo que consideraban un espectáculo
político.
Sin embargo, en su propio proceso de renovación, surgen señales
inquietantes. Aspirantes posicionados con ventaja mediática,
estructuras inclinadas hacia ciertas figuras y una percepción creciente
de que las decisiones no se están tomando únicamente en las urnas
internas, sino también en acuerdos previos. El discurso cambia, pero las
prácticas parecen mantenerse.
Este fenómeno no es nuevo en la política mexicana: la oposición
de hoy puede convertirse en el reflejo de aquello que criticaba ayer. El
problema no es solo la incongruencia, sino el desgaste de la confianza
ciudadana. Cuando los partidos reproducen los mismos esquemas que
cuestionan, alimentan la idea de que las diferencias son más de forma
que de fondo.
La democracia interna de los partidos no debería ser un recurso
discursivo, sino un ejercicio real. Si Acción Nacional aspira a ser una
alternativa creíble, necesita demostrar que puede hacer las cosas de
manera distinta, no solo decirlo cuando le conviene. De lo contrario, la
crítica pierde fuerza y se convierte en un eco vacío.

