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LA POSIBLE CAÍDA DE UN GIGANTE, EL TRICLOR ENFRENTA POSIBLE
DESAPARICIÓN

OPINIÓN DE: CARLOS BETANCOURT

PACHUCA, HGO., 27 DE MARZO DE 2026
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) enfrenta hoy uno de
los momentos más críticos de su historia. La posibilidad de perder su
registro no es solo un escenario hipotético, sino una amenaza real que
evidencia el profundo desgaste político, electoral y social que ha
acumulado en los últimos años.
Durante décadas, el PRI fue sinónimo de poder en México. Su
estructura territorial, disciplina interna y capacidad de operación le
permitieron dominar la vida pública del país. Sin embargo, ese mismo
aparato que le dio fortaleza terminó por volverse rígido, desconectado de
una ciudadanía cada vez más exigente y menos tolerante a las viejas
prácticas.
Hoy, el temor del PRI no radica únicamente en los resultados
electorales adversos, sino en la pérdida de relevancia. Un partido que no
logra conectar con nuevas generaciones, que no renueva liderazgos ni
redefine su proyecto político, está condenado a la irrelevancia,
independientemente de su historia.
La posible pérdida de registro sería más que un golpe
administrativo: representaría el cierre simbólico de una era. Pero
también podría ser una oportunidad para replantearse desde sus
cimientos. La pregunta es si el PRI está dispuesto a transformarse de
fondo o si seguirá apostando por fórmulas que ya han demostrado su
agotamiento.
En política, el miedo puede paralizar o impulsar cambios. El PRI
parece hoy atrapado entre ambas posibilidades. Su futuro dependerá de
si logra entender que la supervivencia no se construye desde la
nostalgia, sino desde la renovación auténtica.

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