El Gabinete de Seguridad mexicano confirmó algo que, en cualquier otra
circunstancia, habría sido un escándalo diplomático inmediato: dos agentes
vinculados a la CIA operaban en territorio nacional sin acreditación formal para
participar en operativos.
El dato no es menor. Según los registros migratorios, uno de los elementos
ingresó al país como visitante común, mientras que el otro lo hizo con
pasaporte diplomático. Ninguno contaba con autorización oficial para intervenir
en acciones operativas dentro de México.
El caso tomó relevancia luego de un operativo en Chihuahua relacionado con el
desmantelamiento de un presunto narcolaboratorio. Posteriormente, los dos
agentes estadounidenses murieron en un accidente vehicular, al caer a un
barranco junto con dos elementos estatales mexicanos.
El hecho desató una revisión inmediata por parte de las autoridades mexicanas.
El Gabinete de Seguridad y la Secretaría de Relaciones Exteriores aseguraron
que no tenían conocimiento de la participación activa de agentes extranjeros en
operaciones en campo, lo que abre una interrogante incómoda: ¿quién sabía
qué… y desde cuándo?
El gobierno mexicano fue claro en un punto: la legislación nacional no permite
la participación directa de agentes extranjeros en operativos dentro del
territorio. La cooperación internacional existe, sí, pero bajo esquemas de
intercambio de información, coordinación y respeto a la soberanía.
En otras palabras, colaboración sí… intervención directa no.
La situación se vuelve aún más delicada al considerar que el operativo ocurrió
sin notificación oficial a las instancias federales mexicanas. Ahora, el caso está
bajo revisión conjunta con autoridades locales y la Embajada de Estados
Unidos.
Mientras tanto, el gobierno mexicano expresó sus condolencias por el
fallecimiento de las cuatro personas involucradas, incluidos los dos elementos
estatales.
El episodio deja más preguntas que respuestas: qué tipo de operación era, por
qué había agentes extranjeros en campo y qué nivel de coordinación real
existía.
En política de seguridad, los silencios suelen pesar tanto como los
comunicados.

