En México, cuando un político recibe más seguridad, normalmente hay dos
opciones: o sí hay riesgo… o no quieren decirlo. Esta vez, la versión oficial
apuesta por la segunda.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch,
aseguró que el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, no es un
posible blanco de ataques, pese a que recientemente se le asignó un equipo de
protección.
Sí, no está en riesgo… pero tiene escoltas.
La aclaración llegó después de que la presidenta Claudia Sheinbaum
mencionara en su conferencia matutina que Rocha Moya había solicitado
seguridad, aunque sin dar detalles. Sin embargo, Harfuch matizó la versión: dijo
que no fue una petición directa del mandatario estatal, sino una recomendación
del propio Gabinete de Seguridad.
Es decir, no lo pidió… pero se lo pusieron.
Desde Culiacán, en medio de un contexto marcado por la violencia y tras las
acusaciones provenientes de Estados Unidos que vinculan a Rocha Moya con
presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa, el funcionario explicó que la medida
responde a un análisis técnico.
Según Harfuch, el dispositivo de seguridad no es grande y el número de
elementos asignados es confidencial. Lo suficiente para cuidarlo, pero no tanto
como para hacer ruido.
Las razones oficiales: su cargo como gobernador (aunque esté con licencia) y el
clima de inseguridad en Sinaloa, una entidad que desde hace años enfrenta
episodios de violencia ligados al crimen organizado.
Pero el contexto pesa. Porque mientras se insiste en que no existe una
amenaza directa, las acusaciones internacionales y la situación en el estado
dibujan un escenario que difícilmente pasa desapercibido.
En política, las decisiones rara vez son casualidad. Y aunque el discurso oficial
busca transmitir calma, el hecho de reforzar la seguridad personal de un
exmandatario en medio de señalamientos delicados deja más preguntas que
respuestas.
Al final, el mensaje parece contradictorio: no hay peligro… pero por si acaso,
mejor prevenir.
Y en un país donde la seguridad suele reaccionar más a lo urgente que a lo
preventivo, eso, más que tranquilizar, genera sospechas.

