La FIFA no está viviendo precisamente su Mundial más feliz. De hecho, según
altos mandos de la propia federación y de la UEFA, la organización enfrenta lo
que muchos ya llaman “la mayor crisis en su historia moderna”. ¿El villano de la
película? Nada menos que el renovado interés de Estados Unidos por controlar
Groenlandia, un capítulo geopolítico que, en un giro digno de telenovela,
terminó salpicando al futbol mundial.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, está atravesando un escenario que
nadie vio venir: mercados inquietos, federaciones tensas y dirigentes que ya
encendieron las alarmas ante las potenciales repercusiones sobre la Copa
Mundial y sobre el ecosistema futbolero en general. Porque claro, cuando una
potencia decide que quiere “administrar” una enorme isla en el Ártico, el balón
también rebota.
Diversas fuentes dentro de la FIFA y la UEFA señalaron que el ambiente está
“muy preocupado” por las posibles implicaciones que este conflicto político
pueda tener sobre las federaciones afiliadas, los derechos territoriales, la
representación continental y –por supuesto– la organización futura del Mundial.
Porque si algo no tolera la FIFA, es que alguien más toque su tablero político sin
avisar.
El problema de fondo es que Groenlandia, aunque todavía no es miembro pleno
de la FIFA, ha buscado desde hace años el reconocimiento oficial que le
permitiría competir en eliminatorias mundialistas. Y si de pronto un nuevo actor
geopolítico con muchísimo peso intenta influir en el estatus de la isla, el futbol
termina siendo arrastrado al drama internacional.
Mientras todas las federaciones intentan “sortear una crisis diplomática” que ni
siquiera provocaron, Infantino tiene que encontrar el equilibrio perfecto entre no
molestar a Estados Unidos, no incomodar a Europa y, al mismo tiempo, proteger
la autonomía futbolística de los territorios aspirantes. Una tarea que, por
supuesto, ya tiene a más de un dirigente sudando en traje.
Para la FIFA, la pregunta es simple pero incómoda:
¿Cómo mantener la neutralidad cuando una potencia global quiere mover el
tablero territorial?
Por ahora, en Zúrich dicen que “todo está bajo control”, pero la preocupación
crece. Y si algo ha demostrado la FIFA en las últimas décadas, es que cuando
aparece una crisis inesperada… siempre puede ponerse peor.

