Mientras Estados Unidos endurece discursos, presiona con medidas
comerciales y juega a ver quién parpadea primero, México decidió responder
con una receta que, según Marcelo Ebrard, está funcionando: “cabeza fría y
firmeza estratégica.”
Parece título de manual motivacional, pero en realidad fue el mensaje con el
que el secretario de Economía defendió la postura mexicana en las recientes
negociaciones con Washington.
Ebrard aseguró que México ha dejado claro que puede defender su soberanía sin
necesidad de gritar, golpear la mesa o salir en conferencias de prensa
declarando guerras comerciales imaginarias. Según él, la estrategia consiste en
una mezcla de diplomacia inteligente, análisis técnico y un poquito de paciencia
zen.
O como él lo describió: “inteligencia estratégica.”
Durante sus declaraciones, el secretario destacó que México no está dispuesto
a permitir presiones unilaterales ni castigos comerciales que afecten a
industrias clave. Enfatizó que el país tiene herramientas legales, acuerdos
establecidos y capacidad para responder sin perder la calma.
La idea, dijo, es no caer en provocaciones, mantener la serenidad y actuar con
precisión quirúrgica. Muy cirujano el asunto.
Por supuesto, este enfoque no pasará desapercibido en Estados Unidos, donde
algunos sectores consideran que México debería ceder más rápido. Pero Ebrard
insiste: no se trata de ceder, sino de negociar desde una posición donde ambos
países entienden que tienen mucho que perder si rompen el equilibrio.
El mensaje apunta a reforzar la idea de que México no está solo reaccionando,
sino moviéndose con estrategia y anticipación. “No podemos permitir que se
nos imponga nada que comprometa nuestra soberanía o nuestra economía”,
advirtió.
Mientras tanto, analistas señalan que las tensiones entre ambos países podrían
seguir aumentando, sobre todo en temas energéticos, comercio agrícola y
manufactura. Pero por ahora, Ebrard parece decidido a mantener la narrativa de
que México puede navegar estas aguas turbulentas con temple y sin perder la
brújula.
En resumen:
La receta oficial es frialdad, firmeza y mucha estrategia.
Ya veremos si alcanza para calmar los vientos del norte.

