Porque en la política mexicana siempre hay espacio para una sorpresa más,
Alejandro Gertz Manero, exfiscal general de la República, fue ratificado como
embajador de México en el Reino Unido. Sí, así como lo lees: de las carpetas de
investigación… a tomar té con la realeza.
La ratificación se dio en la Primera Comisión Permanente del Congreso, donde
obtuvo 10 votos de Morena, uno de la priista Anabell Ávalos y otro del senador
independiente Erick Iván Jaimes. Del otro lado del salón, el PAN y el PT brillaron
por su ausencia, mientras Movimiento Ciudadano prefirió la cómoda posición del
“me abstengo”. Todo muy institucional, muy democrático… muy a la mexicana.
Durante su intervención, Gertz Manero se presentó con una frase que
seguramente pasará a los archivos de la diplomacia nacional:
“He sido un servidor de la ley.”
Una declaración que, inevitablemente, levanta ceja tras ceja considerando la
larga lista de polémicas que lo acompañaron en su paso por la Fiscalía General
de la República.
A pesar de los cuestionamientos públicos y de un historial que incluye desde
disputas familiares hasta acusaciones mediáticas, el exfiscal aseguró que llega
a Londres con experiencia, compromiso y una trayectoria “intachable”.
Al menos en su versión.

Mientras tanto, la oposición criticó la designación por considerarla un “premio
de consolación”, un “blindaje diplomático” y, en palabras más llanas, un
movimiento político que huele más a estrategia que a mérito. Pero sin
suficientes votos en contra, la decisión quedó sellada.
Desde Palacio Nacional y Morena se defendió la ratificación asegurando que se
trata de una figura con amplia experiencia en justicia, academia y
administración pública, lo cual –dicen– lo convierte en un perfil idóneo para
representar a México ante el Reino Unido.
En redes, como era de esperarse, la noticia explotó: memes, comentarios
sarcásticos y debates encendidos sobre cómo un personaje tan polémico
terminó recibiendo pasaporte diplomático.
Gertz Manero, por su parte, se mostró tranquilo. Ahora prepara maletas, agenda
y, seguramente, una nueva narrativa para presentarse ante los británicos:
“Good afternoon, I am a servant of the law.”
A ver cómo suena allá.

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