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OPINIÓN DE: CARLOS BETANCOURT
PACHUCA, HGO., 24 DE ABRIL DE 2026
En Pachuca, la brecha entre el discurso oficial y la realidad urbana ya
no es solo evidente: es insultante. Mientras miles de ciudadanos
esquivan baches, enfrentan calles destruidas, conviven con basura
acumulada y viven con el temor constante de ser asaltados, el gobierno
estatal apuesta por levantar un complejo administrativo de gran escala
que poco responde a las urgencias de la población.
La Secretaría de Infraestructura Pública y Desarrollo Urbano Sostenible
(SIPDUS) anunció la construcción del Centro Administrativo y de
Servicios para el Pueblo (CASP), un proyecto que contempla torres de
gran altura y una ejecución de 19 meses. En papel, suena a modernidad;
en la práctica, para muchos ciudadanos, representa una desconexión
total con la realidad que se vive en las calles.
Porque mientras se proyectan edificios imponentes, la ciudad se cae a
pedazos.
El llamado “bachetón”, anunciado como solución emergente, se ha
convertido en símbolo de ineficiencia. Calles intervenidas hace más de
nueve meses siguen inconclusas o en peores condiciones que antes.
Hay tramos donde el pavimento simplemente desapareció y nunca
volvió. La movilidad es caótica, los daños a vehículos son constantes y
la paciencia ciudadana está agotada.
A la par, la inseguridad no da tregua. Los robos a transeúntes se han
vuelto parte de la rutina, alimentando una percepción de abandono que
crece día con día. La falta de alumbrado en varias zonas y la escasa
presencia policial refuerzan la sensación de vulnerabilidad. Y como si
fuera poco, la acumulación de basura en distintos puntos de la ciudad
refleja una administración rebasada o indiferente.
Frente a este panorama, la construcción de un nuevo centro
administrativo no solo parece fuera de lugar: resulta ofensiva.
La indignación no radica en oponerse al desarrollo, sino en cuestionar
sus prioridades. ¿Cómo justificar una inversión millonaria en oficinas
gubernamentales cuando lo básico —calles transitables, seguridad,
limpieza— no está garantizado? ¿Qué mensaje se envía a una ciudadanía
que vive entre baches y miedo?
En Pachuca, la modernidad parece reservarse para los escritorios, no
para las calles.
Hoy, más que nunca, los ciudadanos no piden megaproyectos ni edificios
monumentales. Exigen algo mucho más simple y urgente: una ciudad
funcional, segura y digna. Mientras eso no ocurra, cualquier torre que se
levante será vista no como símbolo de progreso, sino como monumento
a la desconexión gubernamental.

