El mensaje fue claro, directo y sin maquillaje diplomático: “Se acabó la
impunidad para los narcoterroristas”. Senadores de Estados Unidos elevaron el
tono en el caso Rocha Moya, y el eco llegó fuerte a México.
No es la primera vez que Washington presiona, pero el lenguaje ahora es más
agresivo. Y cuando se habla de narcoterrorismo, el tema deja de ser político
para volverse explosivo.
La advertencia no solo apunta a una persona, sino a todo un sistema que lleva
años bajo sospecha. Y aunque México insiste en su soberanía, la presión
internacional sigue creciendo.
Porque al final, la pregunta no es si habrá consecuencias… sino para quién.

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