PAG. 2
¡GOLPE A LA EDUCACIÓN!
OPINIÓN DE: MARIA RESENDIZ
PACHUCA, HGO., 08 DE MAYO DE 2026
La propuesta para modificar el calendario escolar en México bajo
los argumentos del Mundial de Futbol 2026 y las altas temperaturas ha
abierto un debate que va mucho más allá de los días de clase. Lo que para
algunos puede presentarse como una medida preventiva o incluso como
un “beneficio” para las familias, para miles de madres y padres
trabajadores representa incertidumbre, complicaciones y una preocupante
sensación de improvisación.
Desde el gobierno se han puesto sobre la mesa dos factores: la
organización del evento deportivo más importante del planeta y la
necesidad de proteger a estudiantes y docentes ante las intensas olas de
calor que en los últimos años han golpeado con fuerza distintas regiones
del país. Ambos temas son reales y merecen atención. Lo cuestionable es
la manera en que parecen haberse mezclado para justificar una
modificación de gran impacto social sin una discusión amplia y sin
claridad sobre sus verdaderas consecuencias.
Porque si el calor es el problema, entonces la discusión debería
centrarse en infraestructura escolar, ventilación, acceso al agua potable y
condiciones dignas en los planteles. Y si el Mundial es el argumento
logístico, la pregunta es inevitable: ¿desde cuándo el calendario educativo
debe ajustarse al calendario de la FIFA?
La combinación de ambos factores hace que la decisión parezca
más una salida política que una planeación educativa de largo plazo. Más
aún cuando se habla de extender el periodo vacacional hasta acercarse a
los tres meses, algo que para muchas familias está lejos de ser una buena
noticia.
Mientras desde un escritorio puede venderse como tiempo extra de
descanso, para miles de madres trabajadoras significa enfrentar una
pregunta angustiante: ¿quién cuidará a los hijos mientras ellas cumplen
con sus jornadas laborales?
No todas cuentan con abuelos disponibles. No todas pueden pagar
cursos de verano, guarderías o cuidadores. Muchas tendrán que pedir
permisos, modificar horarios o incluso poner en riesgo su estabilidad
laboral para resolver un problema que nunca fue consultado con quienes
realmente vivirán sus consecuencias.
La educación no puede quedar atrapada entre el espectáculo
deportivo y la emergencia climática sin una estrategia integral. Si el calor
preocupa, hay que invertir en escuelas. Si el Mundial exige logística, que
no sea a costa de las familias.
Por ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum ha dejado claro que
aún no existe una decisión definitiva. Pero el simple hecho de haber
puesto la propuesta sobre la mesa ya encendió una discusión necesaria:
las políticas públicas no pueden diseñarse ignorando la realidad cotidiana
de millones de hogares.
Porque el Mundial pasará. La ola de calor también. Pero las
consecuencias de una mala decisión pueden quedarse mucho más tiempo.

