El reconocido fotógrafo Rodrigo Moya falleció a los 91 años, dejando un legado invaluable en la memoria visual de México y América Latina. Su trabajo, centrado en las luchas sociales y los conflictos políticos del siglo XX, se convirtió en una herramienta crítica contra el silencio de los discursos oficiales. 

Moya dedicó su lente a retratar las injusticias sociales en México y otros países latinoamericanos durante las décadas de los 50 y 60. Su archivo supera los 40 mil negativos, donde capturó desde movimientos armados hasta la vida cotidiana en los márgenes urbanos. Una de sus imágenes más emblemáticas es el “Che melancólico”, tomada en La Habana en 1964.

Nacido en Medellín, Colombia, y nacionalizado mexicano, Rodrigo Moya encontró en la fotografía una vocación que surgió casi por accidente, pero que se convirtió en misión de vida. Más que estética, buscaba reflejar la realidad con honestidad. Para él, cada imagen era una forma de verdad histórica, un testimonio contra el olvido.

En 1968 dejó el fotoperiodismo para fundar una revista técnica y más tarde incursionó en la escritura, ganando un premio nacional de cuento en 1997. 

Durante los años 90, retomó su archivo fotográfico y comenzó la reconstrucción de su legado visual, que fue reconocido en espacios como el Festival Cervantino y el Palacio de Bellas Artes.

Rodrigo Moya evitó la idealización: prefería documentar la crudeza social sin adornos, con un enfoque humanista y directo. Su esposa, Susan Flaherty, fue fundamental en la preservación y difusión de su obra.

Con su partida, se cierra un capítulo fundamental del fotoperiodismo comprometido. Su trabajo seguirá siendo referente ético y estético para nuevas generaciones, recordándonos la importancia de mirar lo que muchos prefieren no ver.

Porelnuevograficodehidalgo

El Nuevo Gráfico de Hidalgo El Periodismo es una ventana hacia la historia, donde cada día se aprende