El Instituto Nacional Electoral (INE) volvió a mover el tablero político-
administrativo tras anunciar que la empresa Cosmocolor, en alianza con la
paraestatal Talleres Gráficos de México, ganó la licitación para la producción
de millones de credenciales para votar. Un contrato jugoso, estratégico y —por
supuesto— inevitablemente polémico.
La decisión generó revuelo inmediato, porque esta licitación no es cualquier
trámite: se trata del documento más utilizado, más solicitado y más
indispensable en la vida pública del país. La credencial para votar no solo define
la identidad de millones de ciudadanos, sino también la tranquilidad (o el caos)
del próximo proceso electoral.
El INE defendió la adjudicación argumentando que la propuesta de Cosmocolor-
Talleres Gráficos obtuvo la mejor calificación técnica y financiera. Según la
institución, la alianza garantiza seguridad, capacidad productiva y cumplimiento
de estándares internacionales. En otras palabras: que no habrá credenciales
mal impresas, hologramas chuecos o material de baja calidad.
Sin embargo, la reacción en redes sociales fue inmediata. Algunos celebraron
que una empresa mexicana y un organismo del Estado trabajen juntos, mientras
otros acusaron que la licitación “huele” a alineamiento con el nuevo gobierno
federal. Porque si algo no falla en México es que cualquier contrato
multimillonario siempre viene acompañado de sospechas… justificadas o no.

Analistas señalaron que Talleres Gráficos de México, al ser una entidad
paraestatal, podría jugar un papel clave en la producción masiva de documentos
oficiales, lo que podría interpretarse como un paso hacia la “internalización” del
proceso electoral. Otros consideran que la participación de Cosmocolor —con
experiencia previa en documentos de seguridad— aporta continuidad técnica.
El INE insistió en que el proceso fue transparente, competitivo y supervisado
bajo estrictas reglas. Pero como siempre pasa, la palabra “transparente” se
escucha menos que la palabra “millonaria”.
Mientras tanto, la ciudadanía solo quiere una cosa: que la credencial salga bien,
llegue a tiempo y no se convierta en una queja más durante las elecciones.
Porque si algo falta en este país, definitivamente no son polémicas nuevas… y
mucho menos en temporada electoral.

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