La industria del espectáculo en México volvió a quedar bajo la lupa —y no
precisamente por un cartel espectacular— luego de que OCESA y la empresa
Seguridad Lobo fueran formalmente imputadas por la muerte de dos fotógrafos
ocurrida durante el festival Axe Ceremonia. Un evento que debía ser una fiesta
musical terminó convertido en una historia de omisiones, negligencias y
preguntas incómodas que ahora deberán responder ante la ley.
El caso se remonta al día del festival, cuando los fotógrafos cayeron a una zona
restringida y murieron tras no recibir auxilio inmediato. Testimonios señalan
fallas en la señalización, insuficiencia en las medidas de seguridad y una
respuesta tardía de los equipos responsables. Lo que debía ser un operativo
profesional para un evento masivo terminó pareciendo un simulacro
improvisado.
De acuerdo con la Fiscalía, ambas empresas enfrentan cargos derivados de
negligencia y responsabilidad en eventos de riesgo, pues se presume que no se
cumplieron los protocolos mínimos para salvaguardar la integridad de
trabajadores y asistentes. La imputación no solo abre una puerta judicial, sino
también un enorme debate: ¿cómo puede un festival del tamaño de Axe
Ceremonia operar con huecos tan graves en seguridad?
OCESA, la gigante del entretenimiento, emitió un comunicado en el que aseguró
estar “colaborando con las autoridades” y lamentó profundamente los hechos,
sin asumir responsabilidad directa. Por su parte, Seguridad Lobo guardó
silencio, lo que solo encendió más las especulaciones en redes sociales.
Para familiares, amigos y colegas de las víctimas, esta imputación representa el
primer avance real desde la tragedia. Exigen justicia, claridad y que las
empresas involucradas no se escuden en tecnicismos para evitar el peso de la
ley. “Los mandaron a trabajar sin las condiciones mínimas”, reclamó uno de sus
compañeros.

La noticia ha generado una ola de indignación en redes: usuarios cuestionan por
qué un festival de esta magnitud no cuenta con protocolos más estrictos,
mientras otros señalan que esta tragedia podría marcar un precedente para la
industria, obligándola a revisar sus estándares de seguridad.
Por ahora, el caso continúa avanzando en los tribunales, pero la pregunta queda
flotando: ¿qué tan segura es realmente la industria del espectáculo cuando ni
quienes trabajan allí pueden volver a casa?

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