Porque en Hidalgo ya no compran votos… ahora los cosechan.
Morena en Hidalgo decidió ponerse orgánico, fresco y directamente de la
central de abastos: la ya famosa "jitomatiza", un presunto acto de coacción del
voto aderezado con verduras de temporada, fue oficialmente turnada a la
Comisión de Ética del partido. Porque, claro, no hay nada más ético que
investigar si alguien quiso comprar simpatías… con jitomates.
Todo estalló luego de un video circulando en redes sociales, donde se observa
una casa repleta de cajas de jitomate y a una joven solicitando datos
personales “para entregar el apoyo”. Y, como buen sketch político, el material
insinúa que el regalito rojo podría ir acompañado del típico “pero me firmas aquí
tu apoyo para la interna, ¿va?”. Nada comprometedooooor.
El protagonista del señalamiento es Irám González Trejo, quien —según la
dirigencia morenista— tiene todo el derecho de defenderse antes de que la
Comisión de Ética determine si esto fue un acto de coacción o simplemente el
esfuerzo más ridículo por hacer activismo territorial desde que alguien regaló
tortas a cambio de credenciales.
Eso sí: Morena aclaró que González Trejo no aparece directamente en el video.
Ni una mano, ni una sombra, ni un reflejo accidental en una charola de
jitomates. Nada. Por lo que el partido pidió no “adelantar juicios”. Porque ya
sabemos que en política mexicana, si la persona no sale en el video con un
letrero que diga “soy yo y lo estoy haciendo”, entonces aún hay duda, ¿verdad?
El expediente será revisado bajo los lineamientos del partido, en el sagrado
marco de los procesos internos de Comités Seccionales.
Una estructura tan burocrática que hasta los jitomates podrían pudrirse antes
de que salga la resolución.
Mientras tanto, las redes sociales hicieron lo que mejor saben: incendiarse.
Entre memes, acusaciones y expertos improvisados en compras de voluntad
electoral, muchos se preguntan si el uso de “apoyos en especie” en procesos
internos ya está regulado… o si depende del precio del kilo.
Lo único claro es que, en Mineral de la Reforma, el debate político se puso bien
rojo, bien jugoso y bien ácido.
Y no, no estamos hablando de discursos: estamos hablando de jitomates.

