Año nuevo, pleito nuevo. Paulina Rubio y su exesposo Nicolás Vallejo-Nágera,
“Colate”, arrancaron el 2026 como ya es tradición: peleando en la Corte Familiar
de Miami. Esta vez, el conflicto se centra en la custodia de su hijo Andrea
Nicolás, de 15 años, quien —para sorpresa de todos— deberá declarar por
primera vez ante la jueza para explicar por qué quiere mudarse a España con su
padre.
Durante la audiencia de este jueves, la jueza Marlene Fernández Carabetzos
determinó que es indispensable escuchar la voz del adolescente, dada la
complejidad del caso y la constante tensión entre ambas partes. La decisión
inmediatamente encendió los reflectores mediáticos, porque si algo tienen
Paulina y Colate es un historial judicial tan largo que prácticamente podría
convertirse en miniserie.
Según los abogados de Colate, el joven desea vivir en España para estar “en un
ambiente más estable”. Por su parte, el equipo legal de Paulina considera que el
cambio sería perjudicial y que el adolescente está siendo “presionado
emocionalmente”. Y claro, ambos bandos dicen tener “la verdad absoluta”,
como en cualquier buena pelea mediática.
Este conflicto suma más de una década de demandas, contrademandas,
acusaciones, órdenes temporales, audiencias urgentes, alegatos de
manipulación parental y declaraciones cruzadas en medios de comunicación.
Un expediente que seguramente ya ocupa más hojas que un manual de teléfono
de los noventa.
La decisión de que el adolescente declare marca un punto crucial. Especialistas
en derecho familiar señalan que a los 15 años, el testimonio del menor suele

tener un peso significativo en las decisiones finales, siempre que se garantice
que habla libremente y sin presiones.
Las redes, por supuesto, estallaron. Unos opinan que “ya dejen en paz al niño”,
otros culpan a Paulina, otros a Colate y otros simplemente disfrutan el drama
internacional como si fuera capítulo nuevo de Acapulco Shore versión
tribunales.
La próxima audiencia se realizará en las próximas semanas. Hasta entonces,
todo queda en manos de la jueza, los abogados… y ahora también del propio
Andrea Nicolás, quien en pleno 2026 debe explicar públicamente qué vida
quiere llevar.
El drama continúa. Porque en esta historia, el único que no puede tomar
vacaciones es el conflicto.

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