El expresidente estadounidense Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe:
encender incendios diplomáticos en menos de 280 caracteres. Esta vez, su
blanco fue Canadá, a quien amenazó públicamente con imponer aranceles del
100% si Ottawa se atreve a concretar un nuevo acuerdo comercial con China.
Sí, en pleno 2026, Trump sigue peleándose con medio planeta.
El conflicto surgió luego de que Canadá anunciara avances en conversaciones
con Beijing para ampliar intercambios comerciales en sectores tecnológicos y
energéticos. Algo que para cualquier país suena como una jugada estratégica,
pero para Trump parece una traición geopolítica digna de novela dramática.
En un mitin reciente, el magnate aseguró que Estados Unidos “no permitirá que
su vecino del norte fortalezca a China”, y advirtió que, si Canadá insiste, él
responderá con aranceles “inmediatos y devastadores”.
¿Sustento técnico? ¿Detalles económicos? No, solo el clásico estilo Trump:
frases contundentes, amenazas en mayúsculas y un público que celebra cada
exclamación como si fuera un gol.
Funcionarios canadienses reaccionaron con un tono más diplomático —o sea,
sin gritos—. Afirmaron que no permitirán que “ningún país dicte con quién puede
comerciar Canadá”. Algunos analistas consideran que la amenaza es más ruido
político que realidad, pero reconocen que, de aplicarse, podría desatar una mini-
guerra comercial como las de 2018, cuando Trump ya había castigado al acero y
aluminio canadienses.
Economistas advierten que un arancel del 100% afectaría no solo a Canadá,
sino a los propios consumidores estadounidenses, que tendrían que pagar el
doble por productos importados. Pero, como suele ocurrir, la lógica económica
parece ser el último invitado a estas discusiones.
La reacción en redes sociales no se hizo esperar: un lado llamó a Trump
“protector del mercado”; el otro, “agente del caos global”. Mientras tanto, China
observa desde el palco, probablemente comiendo palomitas.
Por ahora, el gobierno canadiense mantiene su postura: seguirá adelante con
sus negociaciones con Beijing. Y Trump, fiel a su estilo, promete seguir
“protegiendo a Estados Unidos”… aunque eso implique amenazar al país más
amistoso del hemisferio.

