El movimiento guerrillero en México perdió a una de sus voces vivas: Vicente
Estrada Vega, histórico compañero de lucha del maestro rural y guerrillero
Lucio Cabañas, falleció este viernes a los 78 años, según confirmaron familiares
y antiguos compañeros. Con él se apaga otro fragmento de la memoria que por
décadas narró, desde dentro, los años más tensos y silenciados de la historia
reciente del país.
Estrada Vega formó parte del Partido de los Pobres (PDLP), organización
encabezada por Cabañas durante la década de los setenta, una época marcada
por desapariciones, represión del Estado y una guerra sucia de la que aún
quedan heridas abiertas. Su figura era conocida, más que por protagonismo
mediático, por su papel como testigo directo de los campamentos, las rutas
serranas y las batallas políticas que buscaban dar voz a los sectores más
marginados de Guerrero.
Aunque nunca buscó reflectores, Estrada Vega fue uno de los últimos
guerrilleros sobrevivientes que hablaban de aquel periodo sin filtros: del miedo,
de la persecución, del hambre y de la convicción —sí, esa mezcla particular de
idealismo y riesgo— que empujaba a la resistencia armada.
En los últimos años participó en conversatorios, documentales y encuentros
comunitarios donde insistía en preservar la memoria histórica frente al olvido
institucional. Para muchos jóvenes que lo escucharon, era un puente directo a
un pasado que suele contarse solo desde archivos oficiales… o ni eso.
La noticia de su muerte provocó reacciones inmediatas entre organizaciones
sociales, historiadores y habitantes de Guerrero. Algunos lo recordaron como un
hombre “firme y crítico”, otros como un “sobreviviente que cargó historias que
el país todavía no se atreve a escuchar”.
No se dieron detalles sobre las causas del fallecimiento, aunque se sabe que su
salud había presentado complicaciones durante el último año. Su familia
informó que será velado en una ceremonia íntima, mientras comunidades
serranas planean realizar actos simbólicos para despedirlo.
Con Vicente Estrada Vega no solo muere un compañero de Lucio Cabañas: se va
otro guardián de un capítulo incómodo y esencial de la historia mexicana, ese
que aún incomoda por lo que revela… y por lo que aún falta por decir.

