La presidenta Claudia Sheinbaum soltó un dato que duele: el gobierno gasta 5
mil millones de pesos a la semana para subsidiar combustibles.
Sí, una cifra que suena a presupuesto… pero es solo para que el precio no se
dispare más.
El problema es que, pese al esfuerzo, algunas gasolineras parecen ignorar los
acuerdos. El diésel, que debería venderse en un máximo de 28.30 pesos, llega a
costar hasta 34 pesos en ciertos puntos.
Ante esto, la advertencia fue clara: que los gasolineros “no se pasen de lanza”.
Y la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ya tiene la instrucción de
sancionar abusos.
El contexto tampoco ayuda. La crisis global de energéticos, impulsada por
conflictos internacionales, mantiene los precios bajo presión.
Así que mientras el gobierno subsidia, los consumidores pagan… y algunos
empresarios aprovechan.
Un equilibrio complicado, donde al final la pregunta es inevitable: ¿quién está
absorbiendo realmente el costo?
