El Nuevo Gráfico de Hidalgo

Sheinbaum levanta la mano por Bachelet: diplomacia con memoria

En política exterior, los respaldos no se regalan; se calculan. Y Claudia
Sheinbaum decidió mover ficha al confirmar su apoyo a la candidatura de
Michelle Bachelet para un cargo clave en la ONU. Un gesto que, aunque suena
diplomático y cordial, tiene más lectura política de la que aparenta.
Bachelet no es cualquier nombre. Expresidenta de Chile, médica, socialista y ex
Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, su
trayectoria carga tanto prestigio internacional como polémica. Para algunos, es
una figura de consenso; para otros, una voz incómoda que no siempre dijo lo
que se esperaba cuando el poder la puso a prueba.
El respaldo de México, ahora bajo el liderazgo de Sheinbaum, manda varios
mensajes al mismo tiempo. Hacia afuera, proyecta continuidad en una política
exterior que privilegia el multilateralismo y la presencia en organismos
internacionales. Hacia adentro, refuerza una narrativa de afinidad ideológica
con liderazgos progresistas de la región.
Sheinbaum fue clara al señalar que Bachelet cuenta con la experiencia, el perfil
y la legitimidad para asumir responsabilidades globales. No hubo matices ni
tibiezas. El apoyo es abierto y directo, algo poco común en un escenario donde
muchos gobiernos prefieren guardar silencio hasta ver cómo se alinean las
mayorías.
En el tablero internacional, este tipo de respaldos también funcionan como
moneda de cambio. Hoy se apoya una candidatura; mañana se construyen
alianzas, votos y posiciones estratégicas. La ONU, después de todo, es tanto un
foro de principios como de intereses.

Para Bachelet, el respaldo mexicano suma peso regional. Para Sheinbaum, es
una manera de marcar estilo propio en política exterior: menos estridencia, más
señales claras.
En un mundo convulso, donde los organismos internacionales enfrentan críticas
por su eficacia, la apuesta por figuras con experiencia es una declaración
política en sí misma. Y México ya eligió bando.

Diálogo prometido, política exigida: Ignacio Mier toma la Jucopo

En el Senado, las promesas pesan más cuando se dicen en voz alta. Ignacio
Mier asumió la presidencia de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) y lo
hizo con un mensaje que suena bien… y que ahora tendrá que sostener con
hechos: diálogo, inclusión y respeto a la pluralidad.
Mier llega a una de las posiciones más estratégicas del Poder Legislativo. La
Jucopo no solo coordina bancadas; define ritmos, destraba conflictos y decide
qué se discute y cuándo. En otras palabras, es el tablero donde la política se
juega sin reflectores, pero con efectos reales.
El nuevo presidente prometió mantener abiertos los canales de comunicación
con todas las fuerzas políticas, incluso en un contexto marcado por reformas
sensibles y debates de alto voltaje. La palabra clave fue “diálogo”, una que en el
Congreso suele pronunciarse mucho y cumplirse poco.
Según Mier, la intención es construir acuerdos sin imponer mayorías mecánicas
ni cerrar la puerta a la oposición. El reto es mayúsculo: coordinar intereses
distintos en un Senado donde las tensiones no solo son ideológicas, sino
personales y estratégicas.
El discurso también incluyó una defensa de la política como herramienta para
resolver diferencias, no para profundizarlas. Suena bien, especialmente en
tiempos donde la confrontación suele rendir más titulares que los consensos.
Sin embargo, la prueba no está en el micrófono, sino en la agenda. Reforma
electoral, seguridad, presupuesto y relaciones con el Ejecutivo pondrán a
prueba esa promesa de inclusión. Porque dirigir la Jucopo implica equilibrar
poder, escuchar críticas y, cuando toca, ceder.

Ignacio Mier ya tomó el cargo. Ahora le toca demostrar que el diálogo no fue
solo una frase inaugural, sino una forma real de hacer política. En el Senado, las
palabras vuelan… las decisiones se quedan.

Caso Maduro en pausa: juez aplaza audiencia en Nueva York. Nueve días más de espera: la justicia también aplaza a Maduro

Cuando se trata de procesos judiciales internacionales, la prisa nunca es
protagonista. Esta semana, un juez en Nueva York decidió aplazar nueve días la
audiencia del caso contra Nicolás Maduro, una decisión que, aunque técnica,
vuelve a poner en pausa un expediente tan político como jurídico.
El aplazamiento no implica absolución, avance ni retroceso definitivo. Es, más
bien, otro capítulo en una historia larga, compleja y cargada de tensiones
diplomáticas. El caso forma parte de los procesos abiertos en tribunales
estadounidenses contra el presidente venezolano, a quien se le señalan
presuntos delitos vinculados al narcotráfico y al crimen organizado.
Desde Caracas, la respuesta ha sido la de siempre: desconocer la jurisdicción
de Estados Unidos, calificar el proceso como una persecución política y cerrar
filas en torno a la soberanía nacional. Desde Washington, el discurso tampoco
cambia: las acusaciones siguen vigentes y los tiempos judiciales avanzan… a su
ritmo.
El aplazamiento de nueve días puede parecer menor, pero en estos casos cada
día cuenta. No solo por lo legal, sino por lo simbólico. Maduro gobierna
Venezuela mientras enfrenta procesos fuera de su país, una paradoja que refleja
el choque entre el poder político interno y las cortes internacionales.

Para sus aliados, el retraso es irrelevante. Para sus críticos, es frustrante. Y
para las víctimas de la crisis venezolana, el proceso judicial sigue siendo una
promesa lejana, difícil de traducir en justicia real o cambios inmediatos.
Lo cierto es que el caso contra Maduro se mueve lentamente, pero no
desaparece. Cada aplazamiento recuerda que el expediente sigue abierto y que,
aunque la política acelere discursos, la justicia avanza en cámara lenta.
Nueve días más no cambian el tablero, pero mantienen viva una historia que,
tarde o temprano, volverá a tocar puerta.

El sarampión no es del pasado: brote enciende alertas y cierra escuelas

Creer que el sarampión es cosa de libros de historia resultó ser un error
costoso. Enero de 2026 cerró con un aumento significativo de casos de
sarampión en México, encendiendo alertas sanitarias y obligando a tomar
medidas que parecían impensables hace algunos años: suspensión de clases en
al menos 15 escuelas de Jalisco.
Las autoridades de salud confirmaron nuevos contagios en distintos estados del
país, con Jalisco entre las entidades con mayor número de casos, seguido por
otras regiones donde las coberturas de vacunación han mostrado retrocesos. El
patrón es claro y preocupante: donde faltan vacunas, el virus encuentra terreno
fértil.
El sarampión es altamente contagioso. Basta el contacto con una persona
infectada o permanecer en un espacio cerrado donde haya estado alguien
enfermo para que el virus se propague. Por eso, las decisiones de cerrar
escuelas no son exageradas, sino medidas de contención urgentes.
Detrás del brote hay un elefante en la habitación: la disminución en los
esquemas completos de vacunación, ya sea por desinformación, falta de acceso
o simple descuido. El resultado es un retroceso sanitario que pone en riesgo,
sobre todo, a niñas y niños.
Las autoridades sanitarias han reiterado el llamado a revisar cartillas de
vacunación y completar esquemas, al tiempo que se reforzaron campañas de
inmunización en zonas con mayor incidencia. El mensaje es tan simple como
incómodo: el sarampión se puede prevenir, pero solo si se vacuna.
Más allá de las cifras, el impacto es cotidiano: padres reorganizando rutinas,
escuelas cerradas, sistemas de salud bajo presión y una sensación de déjà vu
que nadie quería revivir. Enfermedades que se creían controladas están
regresando, y no por mutación, sino por omisión.

El brote de sarampión no es solo un tema médico; es un recordatorio social. La
salud pública funciona cuando todos participan. Y cuando no, el virus no
pregunta opiniones: simplemente avanza.

Touchdown con acento francés: la NFL se va a París en 2026

La NFL ya no juega solo en domingo ni solo en Estados Unidos. Ahora también
juega a la diplomacia deportiva. La liga confirmó que en 2026 habrá partido
oficial en Francia, con los New Orleans Saints como uno de los protagonistas, y
el escenario no podía ser más simbólico: el Stade de France.
La noticia confirma lo que ya era evidente: el futbol americano dejó de ser un
deporte “local” y se convirtió en un producto global cuidadosamente exportado.
Londres ya es parada obligada, Alemania se sumó con estadios llenos y ahora
París entra al juego, con croissant en una mano y balón ovalado en la otra.
Que los Saints estén involucrados no es casualidad. El equipo mantiene una
conexión histórica con Francia por sus raíces culturales en Nueva Orleans, una
ciudad marcada por la herencia francesa. La NFL lo sabe y lo explota bien:
marketing con narrativa incluida.
Para la liga, el objetivo es claro: crecer audiencias, vender mercancía y
consolidar nuevos mercados europeos. Para Francia, el partido es una vitrina
internacional que mezcla espectáculo, turismo y músculo organizativo. Y para
los aficionados, una excusa perfecta para ver fútbol americano… con vino en
lugar de cerveza.
El Stade de France, acostumbrado a finales de Copa del Mundo, conciertos
masivos y Juegos Olímpicos, ahora se prepara para recibir cascos, tackles y un
espectáculo diseñado al milímetro. Porque si algo hace bien la NFL, es convertir
cada partido en evento.
Este anuncio también manda un mensaje interno: la NFL no planea frenar su
expansión. El calendario internacional llegó para quedarse y cada nueva sede
confirma que el balón ovalado habla más idiomas de lo que parecía.

En 2026, París no solo será ciudad luz. Será ciudad touchdown.

Mensaje directo al crimen: Harfuch anuncia captura por atentado contra diputados en Sinaloa

En un país donde la violencia política suele quedar atrapada entre comunicados
ambiguos y expedientes inconclusos, Omar García Harfuch decidió salir a dar la
cara. El funcionario anunció la captura del presunto responsable del atentado
armado contra diputados de Movimiento Ciudadano en Sinaloa, un hecho que
sacudió la agenda pública y volvió a encender las alertas sobre la seguridad de
actores políticos en México.
El mensaje fue breve, pero contundente: hay un detenido y la investigación
avanza. En tiempos donde la desconfianza hacia la justicia es casi un reflejo
automático, el anuncio busca enviar una señal clara: los ataques contra
representantes populares no quedarán en el limbo.
El atentado, ocurrido en Sinaloa, dejó heridos y una pregunta incómoda flotando
en el ambiente: ¿hasta qué punto el crimen organizado se siente con permiso de
cruzar la línea hacia la violencia política directa? La respuesta oficial intenta
marcar un límite: ninguno.
Harfuch, conocido por su perfil operativo y por no abusar de los reflectores,
destacó que la detención fue resultado de labores de inteligencia y
coordinación entre corporaciones. Nada de golpes de suerte, al menos en el
discurso. La narrativa es clara: hay capacidad de respuesta del Estado.
Para Movimiento Ciudadano, el anuncio representa un respiro, aunque no un
cierre. La exigencia es que la investigación llegue hasta las últimas
consecuencias y no se quede en el “autor material” de siempre. Porque en
México, detener a un responsable no siempre significa desmontar la estructura
detrás del ataque.
El caso también reabre un debate incómodo: la seguridad de diputados, alcaldes
y candidatos en regiones donde el poder criminal no es un rumor, sino una
realidad cotidiana. Cada atentado de este tipo es un recordatorio de que la

democracia se juega, muchas veces, en territorios donde las balas todavía
hablan fuerte.
La captura no borra el atentado, pero sí cambia el mensaje. Y esta vez, el
mensaje es claro: la violencia política no pasará desapercibida.

Un diputado en terapia intensiva y una diputada dada de alta tras atentado

La violencia política no solo deja discursos de condena; deja cuerpos heridos y
hospitales vigilados. El diputado Sergio Torres Félix continúa en terapia
intensiva, mientras que Elizabeth Rafaela Montoya Ojeda, diputada local de
Movimiento Ciudadano, ya fue dada de alta tras resultar lesionada en el
atentado armado que sacudió recientemente a Sinaloa.
El contraste es inevitable. Por un lado, la mejoría de Montoya Ojeda ofrece un
respiro dentro de un episodio marcado por la incertidumbre. Por el otro, el
estado crítico de Torres Félix recuerda que la gravedad del ataque sigue
latente, más allá de comunicados oficiales.
El atentado no distinguió cargos ni trayectorias. Fue directo, violento y con un
mensaje que va más allá de las personas afectadas: la política sigue siendo un
terreno vulnerable en regiones donde el crimen organizado impone su propia
lógica. Y esa es la herida que no sana rápido.
Autoridades médicas han señalado que Torres Félix permanece bajo
observación constante, con pronóstico reservado. Cada actualización se sigue
con atención, no solo por su estado de salud, sino por lo que simboliza: un
legislador herido por ejercer su función en un contexto hostil.
En el caso de Montoya Ojeda, el alta médica no significa cierre. Vendrán
procesos de recuperación, medidas de protección y, probablemente, silencios
obligados. Porque sobrevivir a un atentado también deja secuelas invisibles.
Mientras tanto, la clase política vuelve a exigir garantías de seguridad,
investigaciones a fondo y castigo a los responsables. El problema es que estas
exigencias ya se han escuchado antes. Demasiadas veces.

La pregunta incómoda persiste: ¿cuántos atentados más se necesitan para que
la violencia política deje de ser “nota” y se convierta en prioridad real? Hoy, un
diputado sigue luchando por su vida, y eso debería bastar para sacudir
conciencias.

Cuando suena la alarma: nace el Frente Amplio Democrático. Intelectuales y exfuncionarios lanzan alerta por reforma electoral

Cuando políticos retirados, académicos, juristas, periodistas y ciudadanos tan
distintos coinciden en algo, no es casualidad: es alarma. Así se presentó la
creación del Frente Amplio Democrático, un nuevo espacio que advierte sobre
el riesgo de regresión democrática ante una eventual reforma político-electoral
que, aseguran, podría imponerse sin consenso.
El pronunciamiento no pasó desapercibido. Entre los firmantes aparecen
nombres que rara vez comparten firma, pero que hoy comparten preocupación:
Denise Dresser, José Woldenberg, Lorenzo Córdova, Dulce María Sauri, Emilio
Álvarez Icaza, Francisco Labastida, Germán Martínez, Guadalupe Acosta
Naranjo, Ildefonso Guajardo, José Narro, Guillermo Sheridan, Héctor de
Mauleón, Lía Limón, Mariana Moguel, entre otros. Trayectorias distintas,
ideologías diversas, un mismo punto de encuentro.
El mensaje central es claro y directo: defender la autonomía electoral, el
pluralismo político y los contrapesos constitucionales. Según el Frente,
cualquier reforma que modifique las reglas del juego democrático debe
construirse con diálogo amplio y no desde mayorías automáticas ni prisas
legislativas.
El contexto no es menor. La confirmación de que el gobierno enviará una
reforma electoral al Congreso reactivó memorias recientes: marchas, debates
encendidos y una ciudadanía que salió a defender al árbitro electoral. El Frente
Amplio Democrático surge justo ahí, en ese espacio de tensión entre el poder y
los contrapesos.
Sus integrantes advierten que no se oponen a una reforma por principio, pero sí
a una que debilite instituciones clave o concentre poder. En política, dicen, no
todo lo legal es necesariamente legítimo.

Más que un partido o una coalición electoral, el Frente se presenta como una
plataforma de vigilancia ciudadana. Un recordatorio incómodo de que la
democracia no se defiende sola y que las reformas estructurales no deberían
hacerse en automático.
La creación del Frente no detiene ninguna iniciativa, pero sí eleva el costo
político de ignorar el debate. Porque cuando tantas voces distintas coinciden, el
mensaje no es ideológico: es institucional.

Los Clinton frente al Congreso: cuando el pasado no se archiva

En la política estadounidense hay apellidos que nunca descansan, y el de
Clinton es uno de ellos. Esta vez, Bill y Hillary Clinton vuelven al centro del
reflector no por una campaña, un discurso inspirador o una fundación global,
sino por algo bastante menos glamoroso: el “caso Epstein”. Sí, ese nombre que
sigue apareciendo como un fantasma incómodo en los pasillos del poder.
El matrimonio confirmó que aceptará testificar ante el Congreso de Estados
Unidos, luego de que legisladores advirtieran que, de no hacerlo, podrían
enfrentar una acusación por desacato. En otras palabras: no es exactamente
una invitación cordial, sino un “o vienes o vienes”.
La comparecencia se da en el marco de las investigaciones relacionadas con
Jeffrey Epstein, el financiero acusado de tráfico sexual de menores, cuya
muerte en prisión en 2019 dejó más preguntas que respuestas. Años después, el
caso sigue salpicando a figuras de alto perfil, y los Clinton —que mantuvieron
contacto social con Epstein en el pasado— no han logrado mantenerse al
margen del escrutinio público.
Desde el entorno de la pareja se ha insistido en que no existe ninguna
implicación ilegal de su parte. Aun así, el Congreso quiere respuestas,
documentos, contextos y, sobre todo, dejar constancia pública de lo que sabían,
cuándo lo sabían y qué tan cerca estuvieron realmente del polémico personaje.
Para Bill Clinton, no es la primera vez que se sienta frente a investigadores.
Para Hillary, curtida en audiencias legislativas y campañas presidenciales, el
escenario tampoco es nuevo. Sin embargo, el desgaste político es inevitable. En
un país polarizado, cualquier testimonio se convierte en munición para ambos
bandos.
El trasfondo es claro: el Congreso busca enviar un mensaje de firmeza
institucional. Nadie, ni siquiera uno de los matrimonios más influyentes de la
política moderna, está exento de rendir cuentas. Aunque, como suele ocurrir en

Washington, la línea entre justicia, política y espectáculo es cada vez más
delgada.
Lo cierto es que el apellido Clinton vuelve a generar titulares, debates y teorías.
Y mientras las audiencias se acercan, queda la sensación de que el caso
Epstein, lejos de cerrarse, sigue abriendo grietas en la élite del poder
estadounidense.

Ni una gota de improvisación: México y EE. UU. pactan cómo repartirse el río Bravo

En tiempos donde el agua vale casi lo mismo que el oro —y a veces más—,
México y Estados Unidos decidieron sentarse a hacer números, planos y
promesas. Ambos países anunciaron un acuerdo técnico para gestionar el agua
del río Bravo, ese cauce fronterizo que no solo divide territorios, sino también
tensiones, reclamos y sequías cada vez más severas.
El acuerdo no es político ni simbólico; es, como ellos mismos lo describen,
técnico. Traducido al lenguaje ciudadano: reglas claras, mediciones precisas y
coordinación binacional para administrar un recurso que escasea y que afecta
directamente a agricultores, ciudades fronterizas y ecosistemas enteros.
El río Bravo —o Río Grande, dependiendo de qué lado se mire— ha sido durante
décadas motivo de fricciones. Tratados firmados hace más de 80 años hoy se
enfrentan a una realidad incómoda: menos lluvias, más calor y mayor demanda
de agua. La ecuación ya no cuadra sola.
Según autoridades de ambos países, el nuevo plan busca optimizar el uso del
agua disponible, mejorar el monitoreo de presas y flujos, y evitar conflictos
como los que ya se han visto en años recientes, cuando comunidades agrícolas
quedaron al borde del colapso por la falta de suministro.
Del lado mexicano, el acuerdo pretende dar certidumbre a los estados del norte,
especialmente a Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, donde cada
ciclo agrícola es una apuesta contra el clima. Para Estados Unidos, el objetivo

es garantizar el cumplimiento de los compromisos internacionales sin provocar
crisis diplomáticas… ni protestas locales.
Eso sí, el anuncio llega con una advertencia implícita: no hay agua que alcance
si no se administra mejor. El acuerdo técnico no hará llover ni llenará presas por
arte de magia. Lo que sí puede hacer es evitar que la escasez se convierta en
conflicto político o social.
En resumen, no es una noticia espectacular, pero sí crucial. Porque cuando dos
países se ponen de acuerdo para cuidar el agua, no están hablando solo de ríos:
están hablando de futuro.

Gabriela Ortiz gana tres Grammy y pone a la música mexicana en lo más alto

No todo lo que gana un Grammy suena en la radio. Y ese es precisamente el
punto. Gabriela Ortiz, compositora mexicana y académica de la UNAM, acaba de
ganar tres premios Grammy, confirmando algo que el mundo cultural ya sabía,
pero que ahora quedó grabado en letras doradas: la música contemporánea
también puede ser protagonista global.
Ortiz no compone para el aplauso fácil ni para la playlist de moda. Su obra se
mueve entre la orquesta, la música de cámara, la ópera, la danza, el teatro y el
cine, con una voz propia que dialoga —a veces con fricción— entre lo
académico, lo popular y lo político. Y esa mezcla, lejos de diluirse, fue
premiada.
Los tres Grammy no solo reconocen una obra específica, sino una trayectoria
sólida, construida con rigor, riesgo y una identidad sonora profundamente
latinoamericana. En un panorama dominado por fórmulas repetidas, el

reconocimiento a Ortiz suena casi subversivo: premiar lo complejo, lo
desafiante, lo que no se consume en tres minutos.
Desde la UNAM, donde ha formado generaciones de músicos y compositoras,
Gabriela Ortiz ha defendido una idea incómoda: la música también piensa,
también cuestiona y también incomoda. Sus composiciones no buscan decorar,
buscan decir algo. Y decirlo fuerte.
El triunfo tiene una lectura más amplia. En un país donde la cultura suele
ocupar un lugar secundario en la agenda pública, el éxito internacional de Ortiz
recuerda que México exporta talento creativo de altísimo nivel, incluso cuando
no siempre lo reconoce en casa.
Tres Grammy después, Gabriela Ortiz no cambia de discurso ni de ruta. Sigue
componiendo desde la investigación, la identidad y el compromiso artístico. La
diferencia es que ahora, el mundo entero está escuchando.
Porque a veces, el mayor aplauso no es el más ruidoso, sino el más informado.

Finanzas sanas y transparencia fortalecen el acceso educativo en la UAEH

*Invertir en educación es una forma directa de impulsar el desarrollo estatal y social
Pachuca de Soto, Hidalgo. – La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) refrenda su compromiso con la
sociedad al administrar los recursos públicos de manera responsable y transparente, mediante el trabajo que realiza el
Patronato Universitario, señaló Lidia García Anaya, presidenta de dicho organismo.
Indicó que, para la institución, invertir en educación es una forma directa de impulsar el desarrollo estatal y social, a
través de la investigación, la vinculación y la extensión de la cultura, con la intención de ofrecer mayores oportunidades
a las y los hidalguenses.
Gracias a una gestión financiera eficiente y al ejercicio de su autonomía universitaria, la UAEH aprovecha al máximo el
presupuesto que recibe y lo fortalece con recursos autogenerados. Esta combinación ha permitido ampliar su
infraestructura y crear nuevos espacios educativos para atender la creciente demanda de ingreso en los niveles medio
superior, superior y de posgrado.
Un ejemplo claro de este manejo responsable es la apertura de la Escuela Preparatoria Número 9 “Dr. Daniel Reséndiz
Núñez”, el pasado 19 de enero, acción que muestra cómo una administración adecuada permite que las juventudes
continúen su formación académica.
El impacto de las finanzas sanas también se refleja en la calidad educativa que ofrece la institución, a través de la
contratación de personal académico altamente capacitado, mediante convocatorias claras y estrictas que garantizan los
perfiles que la Universidad requiere para fortalecer la enseñanza y la generación de conocimiento.
García Anaya destacó que el crecimiento de la UAEH se sustenta en la transparencia, el cumplimiento de la normatividad
institucional y el apego a la legalidad, lo que se refleja en los dictámenes emitidos por organismos externos, como la
Auditoría Superior de la Federación (ASF) y la Auditoría Superior del Estado de Hidalgo (ASEH).
A ello se suma el reconocimiento del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), que
ha otorgado a la máxima casa de estudios de Hidalgo la calificación de “10+” durante los últimos dos años, confirmando
así la gestión responsable de sus finanzas.
“La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo tiene el compromiso de formar jóvenes y de recibirlos para brindarles
una educación integral no solo en el ámbito académico, sino también en lo social y emocional. Cumplimos todos los días

con nuestra función para que las y los egresados se integren al campo laboral con una educación de calidad y se
desarrollen con principios y valores”, indicó al finalizar.

3 de febrero Día Internacional del Abogado

El 3 de febrero se celebra el Día Internacional del Abogado, con el objetivo de
reconocer la labor de los hombres y mujeres de leyes que trabajan para
conseguir un mundo más justo.
Se pretende destacar la notable importancia de los abogados, en la defensa
jurídica a personas, tramitación de procesos judiciales, administrativos y
mediación de negociaciones y conflictos laborales, entre otras competencias.
Ser abogado: una profesión de ley
Un abogado es un profesional universitario graduado en Derecho, el cual debe
estar colegiado para poder ejercer su profesión, que conlleva varias funciones y
competencias, tales como asesorar, defender procesos judiciales y gestionar
temas en diversas materias relacionadas con el derecho.

Preparatorias 1, 3 y 4 de la UAEH presentan los avances académicos y tecnológicos de 2025

*La Preparatoria 1 remodeló sanitarios y sustituyó pizarrones por pantallas Smart
*Implementación de un sistema automatizado de registro y portal web “Servicios a Estudiantes”, logros de la Preparatoria 3
*En la Preparatoria 4, estudiantes realizaron reciclaje de PET, además del evento Garza Ciencias
Pachuca de Soto, Hidalgo. – Durante 2025, las escuelas preparatorias número 1, 3 y 4 de la Universidad Autónoma del
Estado de Hidalgo (UAEH) alcanzaron logros significativos, entre los que destacan el apoyo académico personalizado, el
otorgamiento de becas, la modernización institucional y la proyección social, así como la participación en competencias
de ciencia y tecnología, especialmente en robótica.
Durante la presentación del Tercer Informe de Actividades correspondiente al periodo 2023-2029, Juan Gabriel Zamora
Jiménez, José Miguel Martínez Martínez y Heriberto Sánchez Costeira, directores de las preparatorias 1, 3 y 4,
respectivamente, informaron que gestionaron y otorgaron, a lo largo de ambos semestres, más de 16 mil becas.
Respecto a las mejoras en la infraestructura educativa, la Preparatoria 4 renovó la cancha de futbol rápido para
fortalecer la práctica deportiva; la Preparatoria 1 remodeló los sanitarios del área de módulo tradicional; y la
Preparatoria 3 instaló 41 equipos nuevos en el Centro de Cómputo 1 y sustituyó 41 computadoras por laptops en el
Centro de Cómputo 2.
En materia de fortalecimiento tecnológico, la Preparatoria 3 mejoró la gestión institucional mediante la implementación
de un sistema automatizado de registro con códigos de barras durante la ceremonia de entrega de certificados de
Bachillerato; asimismo, diseñó y puso en marcha el sistema web “Servicios a Estudiantes”, orientado a centralizar
información, agilizar trámites y fortalecer la atención y comunicación entre áreas.
Por su parte, en la Preparatoria 1 se instalaron 32 pantallas Smart de 75 pulgadas en sustitución de pizarrones
interactivos obsoletos; en tanto, en la Preparatoria 4 se impulsó la participación estudiantil en el evento Garza Ciencias,
donde se presentaron proyectos como un espantapájaros automatizado, el juego Snake, un seguidor de luz solar con
Arduino, un robot seguidor de línea tipo camión y jugadores de fútbol con LEGO Spike y Mindstorms.
Además, se destacó la participación de estudiantes de las preparatorias 1 y 3, integrantes de la selección Garza “Iron
Herons”, quienes representaron a esta casa de estudios en el RobotChallenge 2025 en Beijing, China, compitiendo con
equipos de 42 países y obteniendo el noveno lugar en la categoría Sumo LEGO Senior, dentro de los octavos de final.
Finalmente, en materia de responsabilidad social y compromiso comunitario, 397 estudiantes de quinto semestre de la
Preparatoria 4 realizaron su servicio social a través de dos actividades principales: el reciclaje de PET, acumulando 700
kilogramos de material reciclable, y la donación de dulces, con un total de 550 aguinaldos entregados en el Jardín de

Niños “Hontoria” y en las escuelas primarias “Guadalupe Victoria”, “Rafael Anaya” y “Margarita Maza de Juárez”,
fortaleciendo así la vinculación de la institución con la comunidad.

Ni embajada ni drama: Sheinbaum se desmarca de la salida de Adán Augusto

La presidenta Claudia Sheinbaum decidió cortar de raíz cualquier especulación:
la renuncia de Adán Augusto López a la coordinación de Morena en el Senado
fue una decisión personal. Sin empujones, sin mensajes cifrados y, según dijo,
sin premios de consolación incluidos.
Ante los rumores que no tardaron en circular, Sheinbaum fue directa y hasta
incómodamente clara: descartó darle una embajada. Nada de salidas elegantes
al extranjero ni de diplomacia dorada para suavizar el golpe político. La
narrativa oficial es simple: se fue porque quiso.
La ironía política es inevitable. En un país donde las renuncias suelen venir
acompañadas de cargos “estratégicos” o destinos internacionales, esta vez el
mensaje fue distinto. No hubo trueque, no hubo consuelo institucional. O al
menos eso dice el discurso presidencial.
Sheinbaum aprovechó para marcar distancia y, de paso, reafirmar su estilo de
liderazgo. Sin rodeos, sin medias tintas y con una línea clara: las decisiones
internas de Morena no se negocian en embajadas. Una frase que suena a
advertencia tanto para aliados como para inconformes.
El movimiento de Adán Augusto abre preguntas sobre el reacomodo de fuerzas
en el Senado y dentro del partido. Porque aunque la presidenta minimice el
drama, la política rara vez se mueve sin consecuencias. Las salidas pesan,
incluso cuando se presentan como voluntarias.
En redes, la lectura fue inmediata: unos vieron firmeza, otros frialdad. Pero el
mensaje quedó instalado: en esta administración, renunciar no garantiza boleto
diplomático.
Sheinbaum cerró el tema rápido, como quien sabe que prolongar el ruido solo lo
amplifica. Y aunque intentó bajar el volumen, el eco político seguirá sonando un
buen rato en los pasillos del poder.

“De primer mundo” … pero en México: Sheinbaum presume el Tren Insurgente

Con tijeras, discursos y cámaras listas, la presidenta Claudia Sheinbaum
inauguró el tramo completo del Tren Insurgente, el proyecto que promete
cambiar la forma de moverse entre Toluca y la Ciudad de México. La frase
estelar no tardó en llegar: “Un transporte de primer mundo”, dicho sin titubeos y
con bastante orgullo.
El recorrido completo conecta dos zonas históricamente atrapadas en el tráfico
eterno. Menos tiempo de traslado, mayor comodidad y una alternativa al caos
vial que durante años fue parte del paisaje cotidiano. Sobre el papel —y ahora
sobre los rieles—, el tren suena a progreso.
La ironía, claro, no se perdió. Hablar de “primer mundo” en un país donde el
transporte público suele ser sinónimo de paciencia extrema es una apuesta
alta. Pero el gobierno decidió subirse a ese discurso, convencido de que el Tren
Insurgente es símbolo de modernidad y eficiencia.
Sheinbaum destacó que el proyecto cumple estándares internacionales y que el
sistema está pensado para ofrecer seguridad, rapidez y sustentabilidad. No es
solo un tren; es un mensaje político: la infraestructura también cuenta historias,
y esta busca contar una de avance y transformación.
Para miles de usuarios, la verdadera prueba no será el corte de listón, sino la
rutina diaria. Que funcione, que llegue a tiempo y que no se convierta en
promesa oxidada. Porque en México, el entusiasmo inaugural suele enfrentarse
con la realidad del mantenimiento.
Aun así, la inauguración marca un momento clave. El Tren Insurgente ya no es
obra inconclusa ni proyecto en espera: es una ruta activa que une Toluca con la
capital. Un paso concreto hacia una movilidad distinta, al menos en el discurso
y en el arranque.

Sheinbaum cerró el evento con optimismo. El tren ya está en marcha. Ahora
falta ver si el viaje cumple lo que promete.

Risas en el Congreso… y sospechas en el aire: acusan conflicto de interés

El Congreso de la Ciudad de México se convirtió, por un momento, en escenario
teatral. El show de Las Reinas Chulas arrancó carcajadas, aplausos y
comentarios en redes. Pero no todos se rieron. Legisladores del PRI y PAN
levantaron la ceja y acusaron un presunto conflicto de interés por la
presentación del espectáculo en un recinto legislativo.
Según los señalamientos de la oposición, el evento no fue solo entretenimiento
cultural, sino una actividad que podría cruzar la línea entre lo institucional y lo
partidista. En pocas palabras: ¿comedia financiada con recursos públicos o
simple evento cultural malinterpretado?
La ironía es inevitable. Mientras el Congreso suele ser escenario de discusiones
rígidas y discursos acartonados, esta vez fue el humor el que tomó el micrófono.
Y justo ahí surgió el conflicto: cuando la risa entra al poder, alguien siempre
pregunta quién pagó el boleto.
Los legisladores inconformes exigieron explicaciones sobre los criterios de
contratación, los costos del evento y los vínculos entre las artistas y
funcionarios del recinto. Para ellos, el problema no es el espectáculo, sino la
posible falta de transparencia.
Desde la otra trinchera, se defendió la presentación como parte de una agenda
cultural legítima, sin fines políticos ni beneficios personales. Argumentaron que
el Congreso también puede ser espacio para el arte y la sátira social.
El debate se trasladó rápido a redes sociales, donde el público se dividió entre
quienes celebraron la irreverencia y quienes cuestionaron el uso de espacios
oficiales para espectáculos de comedia.

Al final, el Congreso volvió a ser noticia. No por leyes, sino por risas incómodas
y sospechas administrativas. Porque en la política mexicana, hasta el humor
termina bajo investigación.

Bad Bunny ganó el Grammy… y Trump perdió el escenario

Los Premios Grammy 2026 tuvieron de todo: música, glamour, discursos
emotivos y, como ya es costumbre, política sin pedir permiso. El gran ganador
de la noche fue Bad Bunny, quien se llevó el galardón más importante y
confirmó lo que muchos ya sabían: no solo domina las listas, también el pulso
cultural global.
Pero mientras Benito celebraba, el escenario se transformó en algo más que
una fiesta musical. Los Grammy se convirtieron en una plataforma de protesta
abierta contra Donald Trump, sus políticas migratorias y, en especial, contra
ICE. Porque sí, la música también vota… y esta vez votó en contra.
Los números hablan solos —y con cierta ironía—: cuatro de cada diez artistas
que subieron al escenario aprovecharon sus segundos frente al micrófono para
manifestarse contra las políticas antiinmigrantes. Algunos lo hicieron con
discursos directos, otros con mensajes simbólicos, banderas, consignas o
silencios estratégicos. El mensaje fue claro: el espectáculo no estaba dispuesto
a ser neutral.
Mientras tanto, Bad Bunny se mantuvo fiel a su estilo. Su triunfo no solo fue
musical, fue político sin necesidad de discursos largos. Un artista latino,
cantando en español, ganando el premio mayor en una industria que durante
años miró hacia otro lado. La ironía es deliciosa: en una noche marcada por
críticas al trumpismo, el máximo reconocimiento fue para un cantante que
representa justo lo que esas políticas buscan excluir.

Para muchos, los Grammy ya no son solo premios: son termómetro social. Para
otros, son un show que se “politiza demasiado”. Pero la realidad es incómoda: el
escenario refleja lo que pasa fuera, y lo que pasa fuera es un país
profundamente dividido.
Entre aplausos, discursos y estatuillas doradas, la gala dejó algo claro: la
industria musical ya no quiere quedarse callada. Trump no estuvo presente,
pero fue uno de los protagonistas invisibles de la noche.
Bad Bunny se fue con el Grammy bajo el brazo. La protesta se fue grabada en
millones de pantallas. Y los Grammy, una vez más, demostraron que la música
también sabe incomodar.

Solidaridad con acento político: Sheinbaum mira a Cuba y manda ayuda

La presidenta Claudia Sheinbaum volvió a colocar a México en el mapa
diplomático latinoamericano con una frase breve, pero cargada de significado:
“Enviaremos ayuda humanitaria a Cuba”. Una declaración que, como suele
ocurrir, no solo habla de apoyo, sino también de postura política.
La ayuda humanitaria, explicó el gobierno, responde a la difícil situación que
atraviesa la isla, golpeada por carencias estructurales, crisis económica y
limitaciones energéticas. En el discurso oficial, el mensaje es claro: México no
abandona a Cuba, incluso cuando hacerlo genera cejas levantadas fuera y
dentro del país.
La ironía aparece rápido. Mientras algunos aplauden el gesto solidario, otros se
preguntan si la prioridad debería estar primero en casa. Es el eterno dilema de
la política exterior mexicana: ayudar afuera sin descuidar adentro. Un equilibrio
que nunca deja contentos a todos.
Sheinbaum mantiene así una línea histórica de la diplomacia mexicana: no
intervención, cooperación y cercanía con Cuba, una relación que sobrevive a
cambios de gobierno, críticas internacionales y presiones externas. Para sus
simpatizantes, es coherencia. Para sus detractores, es terquedad ideológica.
En redes sociales, el anuncio provocó reacciones inmediatas. Algunos
celebraron la solidaridad latinoamericana; otros recordaron hospitales sin
insumos y comunidades con necesidades urgentes. El debate, como siempre, se
polarizó en minutos.

Más allá del ruido digital, el mensaje político es evidente: México quiere seguir
jugando un papel activo en la región, incluso cuando el tema Cuba sigue siendo
incómodo para ciertos sectores internacionales. Enviar ayuda humanitaria no es
solo mandar recursos; es mandar un mensaje diplomático.
Sheinbaum habló poco, pero dijo mucho. Y en política exterior, a veces una
frase basta para dejar claro de qué lado se está.

¿Bachelet a la ONU? Latinoamérica vuelve a tocar la puerta del poder global

América Latina decidió levantar la mano —otra vez— y esta vez lo hizo con
nombre y apellido: Michelle Bachelet. Chile, Brasil y México oficializaron su
respaldo para que la expresidenta chilena busque dirigir la Organización de las
Naciones Unidas, un movimiento que no pasó desapercibido en la diplomacia
internacional ni en el tablero político regional.
La candidatura no es menor. Bachelet no solo es una figura conocida, es una
marca política global: dos veces presidenta de Chile, exdirectora de ONU
Mujeres y Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos. Currículum tiene. Experiencia, también. Y aliados, al parecer, no le
faltan.
El respaldo tripartito manda un mensaje claro: Latinoamérica quiere volver a
tener voz fuerte en los espacios donde se toman decisiones globales, aunque el
micrófono no siempre esté encendido para el sur del mundo. Que tres de los
países más influyentes de la región se alineen no es casualidad; es cálculo
político y diplomacia fina.
Eso sí, la ironía no se esconde: la ONU atraviesa una de sus etapas más
cuestionadas, con conflictos armados sin freno, crisis humanitarias que se
acumulan y resoluciones que muchas veces se quedan en el papel. En ese
contexto, la pregunta flota en el aire: ¿puede Bachelet cambiar algo desde
dentro de una maquinaria tan pesada?
Para sus defensores, su perfil dialogante y su historial en derechos humanos la
convierten en una candidata ideal para reconstruir credibilidad. Para sus

críticos, su estilo moderado podría chocar con la urgencia brutal que exige el
momento internacional. Como siempre, la política global no concede treguas.
Por ahora, la candidatura avanza y el respaldo regional ya está sobre la mesa.
Falta ver si el resto del mundo escucha el mensaje latinoamericano o si, una vez
más, la decisión se toma lejos del sur.
Lo cierto es que Michelle Bachelet vuelve al escenario internacional, y América
Latina apuesta a que esta vez no solo esté sentada en la mesa, sino que
encabece la conversación.