El mundo de la moda amaneció con una noticia que parece sacada de un cierre
dramático de pasarela: Valentino Garavani, el célebre diseñador italiano que
redefinió la elegancia internacional, falleció a los 93 años en Roma, la ciudad
que vio florecer su genio. Sí, el hombre que convirtió el color rojo en una marca
registrada —el famoso “Rojo Valentino”— se despidió para siempre, pero no sin
antes bordar su nombre en la historia cultural del siglo XX y XXI.
Garavani fue mucho más que un diseñador: fue un creador de mundos, de estilos
de vida y hasta de mitos. Sus vestidos de alta costura acompañaron a
princesas, actrices y primeras damas, todas ellas ansiosas por ser parte de ese
universo donde la elegancia parecía un superpoder. Jackie Kennedy, Elizabeth
Taylor, Anne Hathaway, Sofía Loren… si había alfombra roja, era casi seguro
que Valentino ya había pasado por ahí primero.
En 2008 anunció su retiro, no sin antes dar un show final digno de ovación
eterna. Desde entonces, se convirtió en un personaje casi legendario: elegante,
reservado, siempre impecable, como si viviera dentro de su propia editorial de
revista. Y ahora, en su partida, deja un vacío que difícilmente podrá llenarse,
porque Valentino no solo diseñaba ropa: diseñaba emociones, aspiraciones y
fantasías.
Roma, la casa de su creatividad, vuelve a ser protagonista de su historia, esta
vez como escenario final. Y aunque su ausencia pesa, su legado seguirá
caminando por pasarelas, museos, alfombras rojas y, por supuesto, en millones
de fotografías, vestidos y sueños.
Valentino se va, pero su estilo no piensa hacerlo.

Como diría él: “Nunca confundas elegancia con moda. La moda pasa; la
elegancia es para siempre”.
Y vaya que él lo probó.

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