La vida de Ryan Wedding, ex snowboarder olímpico, terminó pareciéndose
menos a una carrera deportiva y más a una mezcla entre Narcos y Jackass. Las
autoridades mexicanas detuvieron al ex atleta, considerado uno de los fugitivos
más buscados por el FBI y vinculado al Cártel de Sinaloa, donde presuntamente
recibió protección mientras operaba una red de tráfico de drogas. Como si no
fuera suficiente, enfrenta cargos relacionados con el asesinato de un testigo
federal en Estados Unidos.
El arresto ocurrió tras una operación conjunta en la que México y EE.UU.
coordinaron información de inteligencia. La fiscal Pam Bondi no tardó en
aplaudir públicamente la captura y agradecer al gobierno mexicano por la
cooperación. Para Bondi, este caso es una victoria simbólica: no todos los días
se detiene a un deportista olímpico convertido en prófugo internacional.
Wedding pasó de representar a su país en competencias deportivas a figurar en
listas del FBI, algo que, por decir lo menos, no encaja en los discursos
motivacionales sobre “seguir tus sueños”. Las autoridades señalan que durante
años logró evadir la justicia gracias a conexiones criminales, identidades falsas
y una habilidad notable para moverse entre países sin ser localizado.
Ahora, su extradición es prácticamente un hecho. Se espera que enfrente
cargos por conspiración para distribuir drogas, tráfico internacional, homicidio y
otros delitos que suman más temporadas que una serie de crimen real. Mientras
tanto, Bondi insiste en que su captura demuestra que “ningún fugitivo, sin
importar su fama, está por encima de la ley”.
Lo que antes fue una carrera deportiva terminó en un episodio digno de
documental. Y aunque la caída es estrepitosa, el caso apenas comienza.
