La Organización Naciones Unidas, esa institución que normalmente usa
diplomacia nivel “té con galletitas”, finalmente perdió la compostura. En una
declaración inusualmente directa —y francamente, bastante más honesta que
de costumbre— denunció que hay dirigentes en el mundo que, simple y
llanamente, están “pisoteando el derecho internacional”. Así, sin metáforas ni
tapujos.
La advertencia vino de parte del Secretario General, quien claramente
amaneció cansado de ser el policía bueno del planeta. Y no es para menos.
Entre guerras que parecen maratones eternas, invasiones justificadas con
discursos de fantasía, abusos de poder disfrazados de “seguridad nacional”, y
líderes que creen que las leyes globales son un folleto opcional, la ONU decidió
levantar la voz.
El mensaje fue casi una intervención pública: un “hasta aquí”. Y aunque no
nombraron a nadie (porque aún conservan algo de protocolo), todos sabemos
quiénes están en la lista mental. Países que atacan sin autorización, gobiernos
que violan derechos humanos en horario laboral, y mandatarios que confunden
soberanía con carta blanca para hacer lo que quieran.
La ONU señaló que estos comportamientos ponen al mundo en un estado de
riesgo constante. Porque cuando los más poderosos actúan sin reglas, los
demás aprenden rápido. Es la ley del salón de clases: si el niño grande hace
desorden y no le pasa nada, los demás se “inspiran”.

El organismo internacional urgió a los Estados a volver al “mínimo
indispensable”: respetar las normas que ellos mismos firmaron. Pero claro,
pedirle a ciertos líderes que cumplan lo que prometieron es como pedirle al WiFi
que funcione bien justo cuando más lo necesitas: un acto de fe.
La ONU insiste en que, sin respeto al derecho internacional, no hay paz
duradera. Pero en un mundo donde algunos dirigentes tratan el planeta como su
propio videojuego geopolítico, la advertencia suena más a súplica que a
ultimátum.
¿La pregunta incómoda? ¿Servirá de algo? Porque si algo ha demostrado la
política global es que a muchos líderes les encanta “pisotear” … y luego decir
que ellos no fueron.

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