Donald Trump celebró hoy su primer año completo como presidente de Estados
Unidos… por segunda vez, y lo hizo exactamente como uno esperaría:
autoproclamándose protagonista del “periodo más histórico, más exitoso y más
magnífico” que haya visto su país. Humildad nunca le ha faltado, ¿verdad?
En un mensaje transmitido desde la Casa Blanca, Trump aseguró que su
segundo mandato ha sido “mejor de lo que incluso él imaginó”, lo cual es
sorprendente, considerando que su nivel de autoexigencia suele estar a la
altura de un monumento nacional. Enumeró logros que —según él— han
transformado la economía, la política exterior y la seguridad del país. Sus
seguidores celebraron cada palabra; sus críticos revisaron cada frase como si
fuera un examen de realidad paralela.
Durante su discurso, Trump destacó que ha “protegido los valores
estadounidenses”, “enderezado la frontera” y “puesto orden en el mundo”. Todo
esto, mientras analistas señalan que el primer año de su regreso ha estado
marcado por confrontaciones diplomáticas, tensiones comerciales y decisiones
ejecutivas que han generado tantos titulares como polémicas.
En el terreno internacional, su relación con la Unión Europea pasó de
“complicada” a “abiertamente amenazada”, mientras que en América Latina sus
políticas han provocado preocupación —o risas nerviosas— dependiendo del
país. A nivel interno, ha impulsado recortes, endurecido posturas migratorias y
hecho cambios que dividen profundamente a la población. Nada nuevo en el
universo Trump.
Aún así, sus seguidores celebran el aniversario como un triunfo del “liderazgo
fuerte”, mientras los opositores lo ven como una señal de que cuatro años

pueden sentirse eternos cuando cada semana parece un episodio nuevo de una
serie política que nadie pidió, pero todos ven.
Trump cerró su mensaje diciendo que su segundo mandato será “recordado por
generaciones”. En eso quizás tenga razón: pocas administraciones han
generado tanta controversia, tanto ruido y tantas discusiones en redes sociales.
Los próximos tres años prometen más momentos “históricos”, más
declaraciones explosivas… y, por supuesto, más de ese estilo inconfundible que
convierte cualquier anuncio en un terremoto político.
Que nadie diga que Trump no sabe mantener la atención del mundo. Si algo ha
demostrado, es que aburrido, lo que se dice aburrido, no es.

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