Mes: enero 2026

Entre aplausos y duelo: Guillermo del Toro y la noche más agridulce

La ovación era inevitable, pero el momento estaba cargado de silencio interno.
Guillermo del Toro, uno de los cineastas más admirados del mundo, recibió el
Visionary Award en los Palm Springs Film Awards por su trabajo en
Frankenstein. Sin embargo, el reconocimiento llegó acompañado de una noticia
devastadora: la muerte de su hermano, Federico del Toro.
El director compartió el anuncio con una mezcla de entereza y vulnerabilidad.
En medio del glamour, las luces y los discursos de celebración, Del Toro recordó
que la vida no se detiene, ni siquiera cuando el éxito toca la puerta. La
estatuilla pesaba, pero el duelo aún más.
Federico del Toro fue una figura discreta, lejos de los reflectores que rodean a
su hermano, pero profundamente cercana en lo personal. Guillermo lo mencionó
con respeto y dolor contenido, dejando claro que ese premio, en ese momento,
no podía entenderse sin la ausencia que acababa de llegar.
La ironía de la noche no pasó desapercibida. Frankenstein, una obra que habla
de la vida, la muerte y lo que se pierde en el camino, fue el proyecto que llevó a
Del Toro a recibir un reconocimiento… justo cuando enfrentaba una pérdida
irreparable. La ficción y la realidad se cruzaron sin pedir permiso.
El público respondió con respeto. No hubo exageraciones ni dramatismos
forzados. Solo aplausos sobrios, de esos que acompañan más que celebran. En
redes sociales, colegas y seguidores enviaron mensajes de apoyo, recordando
que incluso los genios creativos también cargan dolores humanos.
Guillermo del Toro transformó un escenario de gala en un espacio de memoria.
Sin discursos grandilocuentes, dejó una lección silenciosa: el éxito no inmuniza
contra el dolor, y el duelo no cancela la gratitud.
Entre premios y pérdidas, la noche quedó marcada como una de esas que nadie
quisiera vivir… pero que revelan la verdadera estatura de una persona.

Godoy reordena la FGR: nuevos nombres, mismo reto

Ernestina Godoy decidió empezar el año dejando algo claro: en la Fiscalía
General de la República no habrá inercias cómodas. Con una larga lista de
nombramientos, la fiscal envió un mensaje interno y externo: se acabó el piloto
automático y comienza una nueva etapa de reordenamiento institucional.
Al frente de áreas sensibles quedaron perfiles que no pasan desapercibidos.
Maribel Bojorges Beltrán asumió como fiscal especializada en Delitos de
Violencia contra las Mujeres, Grupos en Situación de Vulnerabilidad y Trata de
Personas (FEVIMTRA), una de las áreas más observadas socialmente. Richard
Urbina Vega encabezará la Fiscalía Especializada de Asuntos Internos, mientras
que Ulises Lara López quedó al frente de la Fiscalía Especial en Investigación
de Asuntos Relevantes.
En materia de derechos humanos, Mariana Díaz Figueroa fue designada titular
de la FEMDH; Raúl Armando Jiménez Vázquez asumió la Fiscalía Especializada
de Control Competencial (FECOC), y David Boone de la Garza quedó a cargo de
la Fiscalía Especializada de Control Regional (FECOR). A ellos se suma Oliver
Ariel Pilares Viloria, ahora responsable de la Fiscalía Especial en Investigación
de Delitos Fiscales y del Sistema Financiero.
Pero los movimientos no se quedaron ahí. En los órganos internos de la FGR,
Laura Ángeles Gómez fue nombrada Oficial Mayor; Julio César Bonilla Gutiérrez
tomó la Unidad Especializada en Transparencia y Apertura Gubernamental;
Claudia Luengas Escudero fue designada consejera general; y Omar Cruz Juárez
quedó al frente de la Unidad de Comunicación Social.
Estos nombramientos se suman a los realizados el pasado 28 de noviembre,
cuando Godoy colocó a Héctor Elizalde Mora al frente de la Agencia de
Investigación Criminal (AIC) y a César Oliveros Aparicio como encargado de la
Fiscalía Especializada en materia de Delincuencia Organizada (FEMDO).

El mensaje es evidente: Godoy apuesta por control interno, especialización y
lealtades claras. Ahora viene la parte difícil: demostrar que el cambio de
nombres se traduce en resultados reales.
Porque en la FGR, mover piezas no basta; hay que cambiar la forma de jugar.

La Navidad no termina cuando guardas el arbolito

Cada enero ocurre el mismo drama: el arbolito termina en la banqueta, las luces
se apagan y alguien sentencia con autoridad dudosa: “ya pasó la Navidad”.
Pero, al menos para la tradición católica, la Navidad no termina el 25 de
diciembre ni cuando se acaban los tamales.
La Navidad es más que una fecha: es un tiempo litúrgico completo, con
principio, desarrollo y final. Todo empieza antes, con el Adviento, un periodo de
preparación y espera que arranca cuatro domingos antes del 25 de diciembre.
Es la antesala, el calentamiento emocional y espiritual.
La celebración formal comienza en Nochebuena, la noche del 24 de diciembre,
cuando los católicos conmemoran el nacimiento de Jesús, que se celebra el 25
de diciembre. Pero aquí viene la parte que muchos olvidan: la Navidad no se
acaba ahí.
El llamado Tiempo de Navidad se extiende varios días más. Incluye fiestas clave
como la Epifanía (Día de Reyes), cuando se recuerda la visita de los Reyes
Magos, símbolo de que el mensaje cristiano llega a todos los pueblos. Por eso,
en muchos países, los regalos se dan el 6 de enero y no antes.
¿Y entonces cuándo se acaba oficialmente? La respuesta es clara: el Tiempo de
Navidad concluye con la fiesta del Bautismo del Señor, que se celebra el
domingo posterior a la Epifanía. Es decir, después del 6 de enero, no antes.
Así que, técnicamente, guardar el nacimiento el 26 de diciembre es un acto de
impaciencia litúrgica. Y quitar las luces el 1 de enero… casi un sacrilegio
estético.

Más allá de lo religioso, esta tradición recuerda algo simple: la celebración no
es un instante, es un proceso. La Navidad se vive, se prolonga y se despide con
calma, no a empujones.
Así que la próxima vez que alguien diga “ya se acabó la Navidad”, puedes
responder con seguridad: no, apenas vamos cerrando el ciclo.

Ana Bárbara baja el ritmo: cuando el éxito también cansa

Ana Bárbara sorprendió a propios y extraños al anunciar una pausa indefinida
en su carrera artística, una decisión que, aunque inesperada para sus fans, dice
mucho sobre los tiempos que vivimos. En un mundo donde el éxito parece
medirse por agendas saturadas, giras interminables y presencia constante en
redes sociales, la cantante decidió hacer algo casi revolucionario: detenerse.
Con una trayectoria sólida, llena de éxitos, premios y escenarios abarrotados, la
intérprete dejó claro que no se trata de un retiro definitivo, sino de un alto
necesario para priorizar a su familia y su bienestar personal. Dicho de otro
modo: antes de seguir cantándole al amor y al desamor, necesita cantarse a sí
misma.
El anuncio no llegó con escándalo ni drama, sino con honestidad. Ana Bárbara
habló de la importancia de cuidar la salud emocional, de estar presente para los
suyos y de escucharse cuando el cuerpo —y el alma— piden descanso. Una
postura que contrasta con la lógica del espectáculo, donde parar suele
interpretarse como fracaso o debilidad.
Paradójicamente, su decisión la humaniza más que cualquier hit. Porque detrás
de los reflectores hay una mujer, madre y persona que también se agota. Y
aunque sus seguidores lamentan no verla pronto en escenarios, muchos han
aplaudido el mensaje: el éxito no sirve de mucho si se pierde la vida personal en
el camino.
En redes sociales, la reacción fue inmediata. Mensajes de apoyo, comprensión y
empatía inundaron los comentarios. En lugar de exigir fechas o discos nuevos,
el público pareció entender algo esencial: nadie debería explicarle a nadie por
qué necesita parar.

Ana Bárbara se suma así a una lista cada vez más larga de artistas que se
atreven a decir “hasta aquí por ahora”. No para desaparecer, sino para regresar
—cuando sea el momento— con más calma, más equilibrio y, probablemente,
con nuevas historias que contar.
Porque a veces, el acto más valiente no es seguir… sino saber cuándo hacer
una pausa.

Difundir mentiras también se castiga: París frena rumores contra Brigitte Macron

París decidió que ya era suficiente. Este martes, un tribunal francés condenó a
10 personas por difundir en redes sociales uno de los rumores más absurdos —y
dañinos— de los últimos años: que Brigitte Macron, esposa del presidente
Emmanuel Macron, habría nacido hombre y cambiado de identidad.
La historia, repetida hasta el cansancio en Facebook, X y videos de YouTube, no
tenía pruebas, pero sí un objetivo claro: desprestigiar, humillar y generar odio.
Como suele ocurrir en la era digital, una mentira bien contada viaja más rápido
que cualquier desmentido oficial. Y esta, además, tocaba fibras sensibles:
identidad de género, vida privada y misoginia.
El tribunal fue claro: no se trató de “opiniones”, sino de difamación. Las
personas condenadas deberán pagar multas y enfrentar sanciones legales por
haber fabricado y amplificado un relato falso que atentó contra la dignidad de
Brigitte Macron. La justicia francesa subrayó que la libertad de expresión no
incluye el derecho a mentir deliberadamente ni a acosar.
Brigitte Macron, quien ha sido blanco constante de ataques desde que su
esposo llegó al poder, decidió no quedarse callada esta vez. Su denuncia marcó
un precedente importante: incluso las figuras públicas tienen derecho a que su
identidad no sea utilizada como arma política.
El caso también expone una realidad incómoda: las redes sociales siguen
siendo terreno fértil para teorías conspirativas que se presentan como

“investigaciones alternativas”, pero que en el fondo reproducen discursos de
odio. Y cuando estas narrativas se repiten lo suficiente, muchos terminan
creyéndolas.
Más allá de los nombres y del escándalo, la sentencia envía un mensaje directo
a influencers, opinadores y usuarios anónimos: lo que se publica en redes tiene
consecuencias reales. No todo vale por likes, vistas o seguidores.
En tiempos donde la desinformación se disfraza de “libertad”, París recordó algo
básico: la verdad importa… y la ley también.

Televisa se reacomoda: Azcárraga vende, pero manda

En el mundo corporativo, pocas decisiones son tan simbólicas como vender
acciones. Emilio Azcárraga Jean anunció la venta de una parte minoritaria de
sus acciones de Televisa a los copresidentes ejecutivos de la empresa. El
movimiento, aunque presentado como estratégico y ordenado, no pasó
desapercibido.
A primera vista, el mensaje es de confianza interna: los máximos ejecutivos
apuestan su propio capital en la compañía que dirigen. Pero leído entre líneas,
también sugiere un ajuste fino en el equilibrio de poder. Azcárraga no se va, no
se retira y no suelta el timón; simplemente redistribuye pesos dentro del mismo
círculo.
La operación se da en un contexto de transformación profunda de Televisa, que
ha dejado atrás su viejo modelo centrado en la televisión abierta para enfocarse
en contenidos, plataformas y negocios más diversificados. Vender una
participación minoritaria no implica debilidad, sino adaptación. O al menos, eso
dice el discurso oficial.
Para los mercados, la señal es clara: continuidad con renovación controlada.
Para el público, el mensaje es más sutil: Televisa cambia de manos… pero no de
familia. El apellido sigue ahí, marcando el ritmo y el rumbo, aunque con menos
acciones directas.
La ironía es evidente. En una industria que habla de democratización de
contenidos y nuevas narrativas, el control sigue moviéndose entre pocos. La
venta no rompe estructuras, solo las acomoda.

Azcárraga Jean apostó por una transición interna sin sobresaltos, sin
escándalos y sin lecturas dramáticas. Un movimiento quirúrgico, pensado más
para el futuro corporativo que para el espectáculo mediático.
Porque en Televisa, como en la política, los cambios importantes suelen
hacerse en silencio.

Trump reparte tareas: Rubio, Hegseth y Miller al frente del “tablero venezolano”

Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe: anunciar movimientos políticos
como si se tratara de una jugada maestra. Este lunes 5 de enero, el presidente
de Estados Unidos afirmó que tres figuras clave de su círculo más cercano
—Marco Rubio, secretario de Estado; Pete Hegseth, secretario de Defensa; y
Stephen Miller, asesor presidencial— estarán a cargo de coordinar la transición
política en Venezuela.
Dicho de otra manera: Washington ya no disimula su interés directo en el futuro
del país sudamericano. Trump presentó el anuncio con tono firme, casi
administrativo, como si se tratara de un simple cambio de gerencia. Pero detrás
de esa aparente normalidad se esconde un mensaje potente: Estados Unidos
quiere tener voz, voto y control en lo que ocurra en Caracas.
La elección de los nombres no es casual. Marco Rubio ha sido uno de los
políticos más duros contra el chavismo; Hegseth representa el músculo militar y
el discurso de “seguridad nacional”; mientras que Stephen Miller aporta la
visión ideológica más radical del trumpismo. Juntos conforman un tridente que
mezcla diplomacia, presión y narrativa política.
Trump no habló de fechas ni de detalles concretos, pero dejó claro que la
transición venezolana será tratada como un asunto estratégico. En su lógica, la
crisis del país no solo es humanitaria o política, sino también geopolítica, con
impacto directo en la región y en los intereses estadounidenses.
Las reacciones no se hicieron esperar. Mientras algunos sectores de la
oposición venezolana ven el anuncio como una señal de respaldo, otros
advierten que una transición “coordinada” desde Washington podría profundizar

tensiones internas y alimentar el discurso de intervención extranjera que tanto
ha explotado el chavismo.
Lo cierto es que Trump volvió a colocar a Venezuela en el centro del debate
internacional, esta vez con nombres, cargos y responsabilidades claras. No fue
una declaración improvisada: fue un mensaje calculado para aliados,
adversarios y votantes.
En política, como en el ajedrez, quien anuncia sus piezas también deja ver su
estrategia. Y Trump acaba de mostrar cuáles piensa mover en el tablero
venezolano.

En las culturas prehispánicas, los murciélagos eran símbolos de vida y fertilidad

*Entre los distintos nombres que recibía, se encuentran tzinacan en náhuatl; para los pueblos mayas, era conocido como zotz, que significa “pelo” o
“piel”; mientras que en zapoteco se le llamaba bigidiri zinia, o “mariposa de carne”
Pachuca de Soto, Hidalgo. – En las culturas mesoamericanas, el murciélago estaba asociado con lo femenino, el
inframundo y el sacrificio; sin embargo, estos conceptos no tenían la connotación negativa o maligna que hoy suelen
atribuirse a estas especies, explicó Monserrat Camacho Ángeles, profesora investigadora del Área Académica de Historia
y Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
La docente del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) señaló que, mediante códices, esculturas y cerámica
prehispánica, así como el trabajo de epigrafistas y la preservación del conocimiento por frailes como Bernardino de
Sahagún, es posible comprender cómo los pueblos originarios de México y Centroamérica entendían el universo, su
origen, estructura y evolución, desde una perspectiva divina y científica.
La también coordinadora de la Licenciatura en Historia destacó que, en la iconografía mesoamericana, los quirópteros,
conocidos comúnmente como murciélagos, aparecen sosteniendo en una mano una cabeza y en la otra un corazón.
En otras manifestaciones simbólicas, portan un técpatl, conocido como cuchillo de pedernal o de sacrificio, relacionando
a estos mamíferos alados con la decapitación y el ritual de sacrificio.
A pesar de ello, entre los pueblos prehispánicos, el derramamiento de sangre en los rituales se consideraba una ofrenda
para alimentar a las deidades, con el objetivo de asegurar buenas cosechas y prevenir catástrofes naturales, como
heladas que destruyeran el maíz. Esto indica que no se percibía a estos animales como malignos, como suele
interpretarse hoy en Occidente.
Dentro de la cosmogonía ancestral, este animal desempeñaba el papel de deidad del inframundo, mensajero de los
dioses, dador de la vida y también capaz de quitarla. Por esta razón, se le vinculaba con la fertilidad, especialmente
femenina, así como con la tierra y el maíz. Toda esta visión está documentada en códices como Borgia, Florentino,
Vaticano B, Fejérváry-Mayer y Porfirio Díaz.
En conclusión, la mayoría de las representaciones muestran la gran hoja nasal característica de la familia Phyllostomidae,
con especies que se alimentan de frutas, insectos, néctar e incluso sangre. De igual manera, se pueden observar rostros
alargados característicos de los principales polinizadores de agaves y cactáceas en el país; la cara arrugada del Centurio
senex; así como los colmillos afilados y el gran tamaño del raro murciélago espectral.

Sheinbaum sacude a la ONU: “la pasividad también es una forma de responsabilidad”

Claudia Sheinbaum no se guardó nada. En medio de un escenario internacional
marcado por conflictos, tensiones y decisiones unilaterales, la presidenta
criticó la inacción de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y advirtió
que crisis como la de Venezuela exhiben, sin maquillaje, la urgencia de que el
organismo actúe con mayor responsabilidad y eficacia.
La mandataria señaló que la ONU parece haber perdido reflejos justo cuando
más se le necesitan. Conflictos que escalan, violencias que se normalizan y
decisiones que se toman sin consenso internacional han dejado al organismo en
una posición incómoda: observar, condenar y poco más. Para Sheinbaum, esa
pasividad institucional no es neutralidad, es omisión.
El caso de Venezuela fue mencionado como ejemplo de cómo la falta de acción
oportuna puede agravar escenarios ya de por sí frágiles. Mientras las potencias
mueven piezas y los discursos se endurecen, la ONU —creada precisamente
para evitar estos desbordamientos— parece quedarse atrapada en su propia
burocracia.
Con tono firme, la presidenta hizo un llamado a fortalecer los mecanismos
multilaterales y a que Naciones Unidas recupere su papel central en la
construcción de la paz. No se trata, dijo, de discursos bien intencionados ni de
comunicados diplomáticos, sino de acciones concretas que prevengan la
violencia y protejan la estabilidad global.
La ironía es difícil de ignorar: en un mundo cada vez más interconectado, los
conflictos se manejan como si fueran asuntos aislados. Y mientras los

organismos multilaterales pierden peso, el vacío lo ocupan la fuerza, la presión
económica o la imposición política.
Sheinbaum subrayó que México seguirá apostando por el multilateralismo, pero
dejó claro que este solo funciona si las instituciones cumplen su función. De lo
contrario, se convierten en escenarios de retórica sin impacto real.
El mensaje no es menor. Cuestionar a la ONU desde la tribuna presidencial
implica reconocer que algo no está funcionando y que el costo de esa inacción
lo pagan, casi siempre, las poblaciones más vulnerables.
Porque cuando las instituciones globales se quedan quietas, el mundo no se
detiene. Y, como advirtió Sheinbaum, la pasividad también tiene consecuencias.

La salud se comparte (por fin): prometen intercambio de servicios médicos este sexenio

Después de años de diagnósticos, promesas y reformas a medias, la Secretaría
de Salud (Ssa) anunció que durante este sexenio se concretará el intercambio
de servicios de salud entre instituciones públicas. Sí, intercambio real:
pacientes atendidos donde haya capacidad, sin importar si pertenecen al IMSS,
ISSSTE u otra institución. Algo que suena lógico… y que, precisamente por eso,
sorprende que no haya ocurrido antes.
El anuncio fue hecho por Eduardo Clark, subsecretario de Integración Sectorial
y Coordinación de Servicios de Atención Médica, quien explicó que la actual
administración logrará formalizar la integración operativa de las instituciones
en casi todas las áreas clínicas. En términos simples: menos “aquí no le toca” y
más atención donde sí haya médicos, camas y equipo disponible.
La idea es avanzar hacia un sistema universal de salud, donde el paciente esté
al centro y no atrapado entre siglas, trámites y ventanillas. Porque, seamos
honestos, enfermarse en México suele implicar dos males: el padecimiento y el
peregrinaje institucional.
Eso sí, no todo estará listo. Clark reconoció que quedará pendiente la figura del
prestador único, es decir, una sola institución que concentre toda la atención.
Traducido: el sistema se coordinará mejor, pero seguirá fragmentado en su
estructura. Un avance importante, aunque no la meta final.
La promesa llega en un contexto donde el sistema de salud ha sido duramente
criticado por desabasto, saturación y falta de personal. Implementar el
intercambio de servicios podría aliviar presiones en hospitales y reducir

tiempos de espera, siempre y cuando la coordinación funcione más allá del
discurso.
La ironía es evidente: compartir recursos en un sistema público no debería ser
una innovación, sino una regla básica. Sin embargo, en un país acostumbrado a
compartimentos cerrados, el simple hecho de coordinarse ya parece un logro.
Por ahora, la apuesta está hecha. El reto será llevar la integración del papel a la
realidad, y que el paciente no vuelva a escuchar la frase más temida: “aquí no lo
podemos atender”.
Si se cumple, este sexenio podría dejar algo más que anuncios: un sistema de
salud que, al menos, empiece a funcionar como uno solo.

“Ni vallas ni distancia”: Sheinbaum defiende su cercanía con la gente

Claudia Sheinbaum fue clara y, de paso, un poco irónica: no piensa gobernar
desde lejos. La presidenta subrayó que mantendrá una relación cercana con la
población durante los recorridos y actos públicos que encabeza en todo el país.
“Me gusta estar cerca de la gente, es algo extraordinario, hermosísimo”, dijo en
su conferencia matutina, dejando claro que la cercanía no es un descuido, sino
una decisión política.
La declaración surgió después de lo ocurrido el domingo en Tizayuca, Hidalgo,
durante la supervisión de la construcción de un plantel del CBTIS, cuando un
joven se acercó a la mandataria mientras ella emitía su mensaje para solicitar
apoyo ante una denuncia. El episodio generó comentarios sobre posibles fallas
en seguridad, pero Sheinbaum lo desactivó rápido: “ayer ni barrera había”,
precisó, descartando que el hombre hubiera burlado algún filtro.
Más que un incidente, el momento sirvió para reforzar una narrativa que la
presidenta quiere sostener: la de un gobierno accesible, sin excesos de blindaje
ni actos cuidadosamente encapsulados. En tiempos donde la política suele
vivirse detrás de vallas y escoltas interminables, la imagen de una mandataria
rodeada de gente común resulta poderosa… y también arriesgada.
La ironía es evidente. En un país con problemas de seguridad bien conocidos,
apostar por la cercanía puede interpretarse tanto como valentía como
imprudencia. Pero Sheinbaum insiste en que alejarse de la ciudadanía sería el
verdadero error. Para ella, escuchar de primera mano es parte del ejercicio de
gobierno, no una concesión ocasional.
El mensaje también responde a quienes cuestionan la espontaneidad de los
actos públicos. La presidenta dejó claro que no todo está guionizado y que el

contacto directo implica aceptar lo imprevisto, incluso cuando incomoda o
rompe el protocolo.
Por ahora, Sheinbaum mantiene firme su postura: seguirá recorriendo el país,
hablando cara a cara y sin levantar muros simbólicos. Falta ver cómo se
equilibra esa cercanía con las exigencias de seguridad, pero el mensaje político
ya está enviado.
Porque, según la presidenta, gobernar con la gente cerca no es un riesgo
innecesario… es parte esencial del encargo.

“No me escuchan”: el reclamo que rompió el protocolo frente a Sheinbaum en Tizayuca

No fue un grito político ni una consigna partidista. Fue el reclamo desesperado
de un padre. Durante el acto encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum
en Tizayuca, Hidalgo, un hombre se acercó al templete y, sin vallas ni filtros de
por medio, interrumpió el evento para pedir ayuda. Su nombre es Juan Leonardo
Pérez y su historia explica por qué decidió romper el protocolo.
Según su denuncia pública, su hijo —un niño de 9 años con autismo— habría
sido víctima de abuso sexual presuntamente cometido por el director de una
escuela en ese municipio. Pérez asegura que denunció el caso ante las
autoridades, pero lejos de encontrar justicia, se topó con irregularidades,
omisiones y un silencio que, afirma, terminó por ponerlo en riesgo.
El padre sostiene que durante la investigación se habrían borrado videos que
formaban parte de la evidencia y que incluso existiría falsificación de firmas
dentro de la carpeta del caso. A esto se suma lo más grave: amenazas de
muerte, que, de acuerdo con su testimonio, comenzaron después de insistir en
que el caso no fuera archivado.
Con ese contexto, el momento en Tizayuca cobra otra dimensión. No fue un
acto improvisado por protagonismo, sino una decisión límite. Frente a la
presidenta, Pérez pidió ser escuchado. Sheinbaum respondió con calma:
“Ahorita te escucho”, dijo, mientras su equipo lo retiraba del templete para
atenderlo fuera de cámaras.
Más tarde, la mandataria aclaró que el hombre no burló la seguridad, ya que el
evento se realizó sin barreras, y reiteró su compromiso de mantener cercanía
con la gente, incluso cuando eso implique momentos incómodos.

Tras el incidente, autoridades federales informaron que se recabaron los datos
del padre de familia para revisar la carpeta de investigación en la Fiscalía de
Hidalgo y evaluar medidas de protección para él y su familia.
El caso ha generado indignación en redes sociales, no solo por la denuncia de
abuso infantil, sino por lo que refleja: la dificultad de acceder a la justicia
cuando se trata de ciudadanos comunes. La ironía es dura: un padre tuvo que
interrumpir a la presidenta para lograr lo que, en teoría, debería ser automático.
Por ahora, la carpeta sigue bajo revisión. Y la pregunta queda flotando:
¿cuántas voces más necesitan romper el protocolo para ser escuchadas?

“No manda el más fuerte”: la SCJN recuerda que la ley también tiene límites

En un contexto internacional donde la fuerza parece volver a ponerse de moda,
la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidió decir algo que suena
obvio… pero que hoy resulta necesario repetir: el derecho internacional debe
ser respetado y “no puede imperar la ley del más fuerte”. Una frase contundente
que funciona tanto como recordatorio jurídico como advertencia política.
La postura del máximo tribunal mexicano surge en medio de tensiones globales,
intervenciones extranjeras y decisiones unilaterales que se justifican bajo el
argumento del poder o la urgencia. Frente a ese escenario, la SCJN subrayó que
el orden internacional no se sostiene por músculo militar ni por presión
económica, sino por reglas, acuerdos y principios que, en teoría, todos aceptan.
El mensaje no menciona países ni conflictos específicos, pero tampoco hace
falta. En tiempos donde la soberanía se relativiza y el derecho se adapta al
interés del momento, la Corte recordó que el respeto a los tratados
internacionales no es opcional ni decorativo. Es la base mínima para evitar que
el caos se normalice.
Hay una ironía evidente en tener que aclarar algo así. Después de décadas de
discursos sobre legalidad, cooperación y multilateralismo, el mundo parece
retroceder a una lógica más simple y peligrosa: el que puede, impone. Frente a
eso, la SCJN optó por levantar la voz desde el terreno que le corresponde: el
jurídico.
El pronunciamiento también refuerza la tradición mexicana de apego al derecho
internacional, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de
controversias. Principios que suenan formales, pero que cobran peso cuando los
conflictos escalan y las decisiones se toman sin consenso.
Para algunos, estas declaraciones pueden parecer simbólicas. Para otros, son
necesarias. Porque cuando las instituciones guardan silencio, el vacío suele
llenarse con imposición. Y cuando la ley se debilita, el precedente que queda es
peligroso.

La SCJN no envió tropas ni sanciones, pero sí un mensaje claro: el derecho
sigue siendo el límite que debería contener al poder. En un mundo donde la
fuerza grita, que la ley hable —aunque sea con firmeza jurídica— sigue siendo
un acto relevante.

Sheinbaum marca distancia: “Venezuela no se decide desde Washington”

En medio del ruido internacional y los discursos encendidos, Claudia Sheinbaum
optó por una postura que en México ya suena conocida, pero no por ello menos
contundente: rechazó cualquier intervención de Estados Unidos en Venezuela y
recordó que “cada nación tiene el derecho inalienable de determinar su modelo
político”. Una frase diplomática, sí, pero con filo suficiente para dejar clara la
posición del gobierno mexicano.
La mandataria fijó así el posicionamiento oficial de México frente a la crisis
venezolana, en un momento donde las potencias discuten destinos ajenos con
sorprendente facilidad. Para Sheinbaum, el principio de no intervención no es
una consigna decorativa, sino una línea política que —al menos en el discurso—
sigue vigente.
Con un tono firme, la presidenta recordó que México ha trabajado de manera
conjunta con Estados Unidos en temas sensibles como el combate al
narcotráfico, demostrando que la cooperación bilateral es posible sin necesidad
de imponer modelos políticos ni cruzar fronteras ajenas. Traducido al lenguaje
llano: colaborar no significa mandar.
La postura mexicana llega en un contexto especialmente delicado, tras la
captura de Nicolás Maduro y el endurecimiento del discurso desde Washington.
Mientras algunos países celebran la presión externa como vía de cambio,

México insiste en que las soluciones duraderas solo pueden surgir desde
dentro. Una postura que suele incomodar a quienes prefieren resultados
rápidos, aunque sean impuestos.
La ironía del momento no pasa desapercibida. En un mundo que presume
democracia y autodeterminación, Venezuela se ha convertido en un
recordatorio de lo frágiles que son esos conceptos cuando chocan con
intereses estratégicos. Sheinbaum, consciente de ello, decidió subrayar lo que
para México sigue siendo principio rector de su política exterior.
Las declaraciones también buscan enviar un mensaje interno: México no será
espectador pasivo ni vocero de agendas externas. La soberanía, tanto propia
como ajena, se defiende incluso cuando el escenario internacional exige tomar
partido.
Por ahora, el posicionamiento está sobre la mesa. No ofrece soluciones
mágicas ni desenlaces inmediatos, pero sí una postura clara en medio del caos
diplomático. Porque, como recordó Sheinbaum, los países no son fichas de
dominó… y el futuro de Venezuela, guste o no, no se decide desde Washington.

Un Papa preocupado y un mundo incendiado: León XIV mira a Venezuela con el alma en vilo

Desde el balcón del Vaticano, con vista privilegiada a la Plaza de San Pedro y al
caos global, el papa León XIV decidió levantar la voz. Durante la oración del
Ángelus del domingo 4 de enero, el primer pontífice estadunidense habló de
Venezuela con un “alma llena de preocupación”. No era para menos: el
derrocamiento y detención de Nicolás Maduro en Estados Unidos volvió a
sacudir el tablero geopolítico y a recordarle al mundo que la soberanía sigue
siendo un concepto frágil cuando entran en juego los intereses de las potencias.
Con un tono firme pero pastoral, León XIV pidió respeto a la soberanía del país
sudamericano, como si hiciera falta recordar que las naciones no son piezas
intercambiables en un tablero de ajedrez internacional. También subrayó algo
que suele decirse mucho y cumplirse poco: el respeto a los derechos humanos y
al Estado de derecho, “tal como está consagrado en la Constitución de
Venezuela”.
El mensaje fue claro y, para algunos, incómodo. “El bien del amado pueblo
venezolano debe prevalecer”, afirmó el Papa, llamando a superar la violencia y a
caminar por senderos de justicia y paz. Palabras grandes, necesarias, pero que
suenan casi poéticas frente a una realidad donde las decisiones se toman más
en despachos políticos que en plazas públicas.
Las declaraciones del pontífice llegan después de que el presidente
estadounidense Donald Trump anunciara que Estados Unidos tomaría el control
de Venezuela tras ordenar la operación que culminó con la captura de Maduro,
hoy detenido en Nueva York por cargos de narcotráfico. Un episodio que parece
sacado de una serie política, pero que tiene consecuencias reales para millones
de personas.
No es la primera vez que León XIV marca distancia de Trump. En diciembre, ya
había advertido contra el uso de la fuerza militar para derrocar gobiernos,
dejando claro que la paz no se impone con tanques ni se decreta desde el

extranjero. Para el Papa, la fe no está peleada con la política, pero sí con la
violencia disfrazada de solución.
Mientras tanto, Venezuela sigue siendo tema de discursos, oraciones y
estrategias internacionales. Entre llamados a la paz y operaciones de captura,
el pueblo venezolano continúa esperando algo más que palabras solemnes.
Porque, al final, como recordó el Papa, el bienestar de la gente debería estar por
encima de cualquier interés… aunque en la práctica, esa siga siendo la parte
más difícil de cumplir.

Otra vez no: posponen de nuevo la audiencia de Ovidio Guzmán en Estados Unidos

Cuando parecía que ahora sí llegaría el momento clave, la justicia
estadounidense volvió a pisar el freno. La audiencia de Ovidio Guzmán fue
pospuesta nuevamente, y según informaron las autoridades, se llevará a cabo
en aproximadamente seis meses. Sí, otra vez. Porque en este caso, la espera ya
es casi parte del proceso.
El hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, uno de los nombres más conocidos del
crimen organizado, permanece bajo custodia en Estados Unidos mientras su
expediente sigue creciendo… y su audiencia sigue alejándose en el calendario.
Cada aplazamiento alimenta la sensación de que el caso avanza a paso lento,
aunque oficialmente se trate de “ajustes procesales”.
Desde el punto de vista legal, las postergaciones no son extraordinarias en
casos de alto perfil y alta complejidad. Hay negociaciones, revisión de pruebas,
acuerdos posibles y estrategias que se cocinan lejos del reflector público. Sin
embargo, para la opinión pública, la constante reprogramación se traduce en
una pregunta incómoda: ¿qué tanto se está negociando tras bambalinas?
Ovidio Guzmán enfrenta cargos graves relacionados con narcotráfico y
delincuencia organizada, en un proceso que ha sido seguido con lupa tanto en
México como en Estados Unidos. Su extradición, su reclusión y cada
movimiento judicial han sido noticia, alimentando una narrativa donde la
expectativa siempre supera a los resultados inmediatos.
La ironía es evidente. En un sistema que presume eficiencia y firmeza frente al
crimen, los tiempos judiciales parecen dilatarse cuando los apellidos pesan
demasiado. Mientras tanto, el nombre de Ovidio sigue flotando entre titulares,
aplazamientos y especulación constante.

Para el gobierno estadounidense, el caso representa una pieza clave en su
estrategia contra el narcotráfico. Para México, es un recordatorio permanente
de la herencia criminal que sigue cruzando fronteras. Y para el público, una
historia que parece avanzar en cámara lenta.
Por ahora, no habrá audiencia, ni declaraciones explosivas, ni giros
inesperados. Solo una nueva fecha tentativa y la promesa de que “en seis
meses” habrá avances. Hasta entonces, el caso Ovidio Guzmán seguirá
exactamente donde está: en pausa… pero bajo constante observación.

“No culpable”, dice Maduro: comienza el juicio que sacude a Caracas y a Nueva York

Con semblante serio y fórmula legal bien ensayada, Nicolás Maduro se declaró
no culpable la mañana de este 5 de enero durante su primera comparecencia
ante un tribunal federal en Manhattan. El acto, breve pero cargado de
simbolismo, marcó el inicio formal de un proceso judicial que no solo pone en
juego su futuro personal, sino que reordena —otra vez— el tablero político
internacional.
Maduro enfrenta cargos relacionados con narcotráfico, los mismos que
motivaron su captura en Caracas y su posterior traslado a Nueva York. En la
audiencia, el juez ratificó los delitos que le imputa la justicia estadounidense,
dejando claro que el caso va en serio y que no se trata de un simple gesto
político. Aunque, claro, nadie pretende fingir que la política no está sentada en
primera fila.
Como si el escenario no fuera lo suficientemente tenso, Cilia Flores, esposa de
Maduro y diputada venezolana, también se declaró no culpable de los cargos
por tráfico de cocaína que enfrenta ante la misma corte. La pareja compareció

bajo la lógica clásica del sistema judicial: negar todo y dejar que el proceso
siga su curso. Estrategia conocida, pero no por ello menos significativa.
La imagen es potente y difícil de ignorar. El hombre que durante años denunció
al “imperio” ahora responde ante sus tribunales. La ironía no pasó
desapercibida en redes sociales, donde las reacciones oscilaron entre la
celebración, el escepticismo y la cautela. Porque si algo ha enseñado la política
internacional, es que los juicios de alto perfil rara vez son solo jurídicos.
Las autoridades estadounidenses sostienen que cuentan con pruebas
suficientes para sostener las acusaciones, mientras la defensa insiste en que
se trata de una persecución política. Dos narrativas enfrentadas, ambas
conocidas, ambas con seguidores fieles. En medio, una audiencia inicial que
apenas es el primer capítulo de un proceso largo y complejo.
Para Venezuela, el juicio de Maduro representa más que un expediente judicial:
es un golpe simbólico a un liderazgo que durante años se mantuvo en el poder
pese a sanciones, denuncias y aislamiento internacional. Para Estados Unidos,
es una demostración de fuerza legal y política. Y para la comunidad
internacional, un episodio que promete más tensión que certezas.
Por ahora, el expediente sigue su curso y la frase “no culpable” queda
registrada en actas. Falta ver si, con el paso del tiempo, también logra
sostenerse ante el peso de las pruebas… o si este será el inicio de un desenlace
que nadie se atreve todavía a anticipar.

Hollywood aplaude, las estatuillas tiemblan: “One Battle After Another”, “Sinners” y “Frankenstein” dominan los Critics’ Choice Awards

La temporada de premios ya entró en calor y los Critics’ Choice Awards dejaron
claro algo: este año no hay espacio para la tibieza. “One Battle After Another”,
“Sinners” y “Frankenstein” se convirtieron en las grandes triunfadoras de la
noche, confirmando que la crítica —esa especie exigente y a veces
impredecible— ya tiene favoritas… aunque el público todavía esté haciendo
apuestas.
“One Battle After Another” se consolidó como la película que todos dicen haber
entendido a la perfección, aunque en realidad muchos salieran del cine
reflexionando… o fingiendo que lo hicieron. Con una narrativa intensa y
actuaciones que gritan “denme el Oscar”, la cinta se posiciona como una de las
más serias contendientes de la temporada. Drama, conflicto y épica emocional:
la fórmula que nunca falla cuando se trata de conquistar jurados.
Por su parte, “Sinners” demostró que el pecado también puede ser premiado.
Oscura, provocadora y con un guion que incomoda lo suficiente para gustar a la
crítica, la película fue reconocida por su audacia y su capacidad de meter el
dedo en la llaga. Porque en Hollywood, incomodar bien también suma puntos… y
estatuillas.
Pero quien realmente dio la sorpresa fue “Frankenstein”. Esta nueva
reinterpretación del clásico no solo revivió al monstruo, sino que lo convirtió en
favorito. Lejos de ser una simple adaptación más, la cinta apostó por una
mirada contemporánea, emocional y visualmente poderosa, recordándonos que
los monstruos más aterradores no siempre son los que tienen tornillos en el
cuello, sino los que viven entre nosotros.
Los Critics’ Choice Awards suelen funcionar como termómetro rumbo a premios
mayores, y este año el mensaje es claro: historias intensas, personajes
complejos y propuestas arriesgadas están marcando la conversación. No se
trata solo de entretenimiento, sino de impacto, discurso y, claro, mucha
estrategia de campaña.
Mientras las redes sociales se llenan de debates, memes y opiniones
encontradas, estas tres producciones avanzan con paso firme hacia el resto de
la temporada. ¿Llegarán igual de fuertes a los Oscar? Nadie lo sabe, pero por
ahora ya lograron lo más importante: llamar la atención, conquistar a la crítica y
dejar claro que en Hollywood, la batalla por el prestigio apenas comienza.

La voz que se negó al silencio: muere Eva Schloss, sobreviviente del Holocausto y guardiana de la memoria

Eva Schloss murió este sábado en Londres a los 96 años, pero su historia —y su
voz— se niegan a desaparecer. Sobreviviente del Holocausto, hermanastra
póstuma de Ana Frank y testigo incómoda de uno de los capítulos más oscuros
de la humanidad, Eva dedicó su vida a hacer algo que nunca fue sencillo:
recordar, contar y advertir. Porque el olvido, lo sabía bien, también es una forma
de violencia.
Nacida en Viena en 1929, Eva vivió en carne propia la persecución nazi. Fue
deportada junto con su familia al campo de concentración de Auschwitz, de
donde sobrevivió contra toda lógica y expectativa. A diferencia de muchos,
volvió. Y a diferencia de la mayoría, decidió hablar. No para buscar lástima, sino
para exigir memoria.
Tras la guerra, su madre se casó con Otto Frank, el padre de Ana Frank,
convirtiendo a Eva en su hermanastra póstuma. Una conexión histórica que
pudo haberla reducido a una nota al pie, pero que ella transformó en plataforma.
Eva no vivió a la sombra de Ana Frank; caminó con su propia historia, igual de
dura, igual de necesaria.
Durante décadas, Eva Schloss recorrió escuelas, foros y conferencias hablando
con jóvenes. Su misión era clara: explicar lo inexplicable y evitar que el horror
se repita. Con un tono sereno pero firme, insistía en que el Holocausto no
comenzó con cámaras de gas, sino con discursos de odio, discriminación
normalizada y silencios cómodos. Un mensaje que, irónicamente, sigue siendo
urgente.

En tiempos donde la memoria histórica se pone en duda, se relativiza o se
cansa, Eva fue una voz persistente. No gritaba, no acusaba: recordaba. Y eso, a
veces, incomoda más. Porque obliga a mirar de frente lo que muchos prefieren
archivar como “pasado superado”.
Su muerte no es solo la pérdida de una sobreviviente, sino de una narradora
directa de la historia. Cada vez quedan menos testigos vivos del Holocausto, y
con ellos se va una advertencia irremplazable. Los libros ayudan, los museos
también, pero nada sustituye a quien estuvo ahí y decidió no callar.
Eva Schloss se va, pero deja una tarea pendiente: escuchar, aprender y no
repetir. Porque la memoria no es nostalgia, es responsabilidad. Y mientras su
historia siga contándose, el silencio —al menos por ahora— no ganará.